Este fin de semana, aprovechando que la gripe ha irrumpido en nuestro hogar con todo su poderío y bravura, dado el panorama que se presentaba de agonía en el sofá, el pañuelo en una mano, el termómetro en la axila y el jarabe para la tos en la otra, mi consorte decidió emplear su tiempo de cuarentena en hacer unos subtítulos para una película.
Nosotros somos grandes consumidores de subtítulos ya que nos gusta ver las películas en versión original y teniendo en cuenta que yo los necesito para cualquier idioma que no sea la lengua de Cervantes pueden hacerse ustedes una idea. Por el contrario, mi consorte, es uno de esos visionarios que se dio cuenta de que aprender idiomas le sería muy útil en esta vida.
La verdad es que lo que parecía un mero entretenimiento se convirtió en un trabajo duro y engorroso. Le llevó muchas horas y paciencia y se desmoralizó en varias ocasiones, pero creo que consideró que después de pasarse todo el fin de semana con los auriculares puestos no era tan malo, ya que no tendría que escucharme repetir una y otra vez mis quejas sobre dolores y achaques así como el parte sobre los repentinos cambios de temperatura de mi organismo, por no hablar de toses y sonoras sonadas de mocos. De todas formas dijo que una y no más Santo Tomás, supongo que tendremos que esperar hasta la próxima gripe colectiva que espero que tarde mucho en llegar….
Por fin, el domingo a media tarde culminó su obra y vimos la película, momento que aproveché yo para hacer de enmendadora de plana o como se dice ahora de “tester”, que si aquí te falta una letra, que si esa frase suena rara, etc… Vamos, que por la noche los subtítulos ya estaban a libre disposición del personal y con el control de calidad pasado y todo.
Este es mi pequeño homenaje a todas esas personas que de forma altruista emplean su tiempo en hacer subtítulos para que los pobres ignorantes como yo podamos entender las películas, series y documentales.
Nosotros, los que tuvimos un profesor de inglés que no sabía más que los números, los colores y alguna cosilla más, nos tuvo repitiendo lo mismo curso tras curso y nos indujo a pensar que el inglés era como el Taki taki que solo tenía 340 palabras. O los que decidimos hacer cursos de macramé y cerámica en lugar de aprender idiomas, o los que elegimos como idioma opcional el Murciano Panocho porque era más fácil de aprobar.
Os damos las gracias por vuestro trabajo y dedicación. Por nuestra parte, intentaremos compensaros llenando vuestras casas de maceteros de macramé y ceniceros deformes y traduciendo el Cantar del Mio Cid al Murciano Panocho.