Cylog

Aquí está la última entrada de junio en el Ávila Road Museum, ese museo disperso por las rotondas de nuestra amada ciudad. Hoy tenemos uno de los más innovadores, el Monumento al Cylog (ojo, se pronuncia «Fronkonstin»), ubicado en una rotonda del Paseo del Cementerio. Se trata de un chirimbolo de material grisáceo, colocado excéntricamente en una rotonda cochambrosa.

Y se preguntarán ustedes… ¿Qué cohone es un cylog? Los aficionados a la ciencia fricción o a la cocina molecular seguro que ya saben que los cylogs son criaturas humanoides similares a los golem, pero hechos de patatas revolconas en lugar de arcilla, y el chem está escrito en un torreznillo. Para los no iniciados, el chem contiene las instrucciones cargadas en su cerebro biónico, que le servirían para desenvolverse en nuestra ciudad; con frases como «ponte la rebequita que luego refresca», «¿qué tienes de pincho?», «pa ir allí tardas menos andando que en coche» o «la calefacción no se enciende hasta que no lo diga la Santa».

Hay quien sospecha que algunos de los próceres abulenses (alcaldes, obispos, delegados, cuneros…) podrían haber sido realmente cylogs, infiltrados por nuestros enemigos segovianos o por los separatistas de Arévalo; programados para parecer que hacen algo, pero que realmente han estado saboteando el progreso de nuestra ciudad, dejándola inmersa en el marasmo y la atonía; todo esto desde la época postmedieval u antes. Esta teoría conspiranoica incluso defiende que este monumento, que está como camuflao y sin llamar la atención, realmente sería un portal para acceder a las dimensiones-mazmorra desde las que se controlan los cylogs.

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