Allons, enfants…

La rotonda de Villeneuve sur Lot se ubica en la glorieta del mismo nombre. ¿Es usted abulense y no sabe cuál es? Nomextraña. Bueno, a lo mejor si les digo que es «la de Don Carmelo», o la del puente de la estación, o que está en la confluencia del Paseo de Don Carmelo con las calles de La Sierpe y del Ferrocarril, igual se aclaran más. A ver, es esta rotonda…

C’est la mentioné rotondé

Los que tenemos cierta edad recordamos cuando, en los 80, nuestro ayuntamiento presentó triunfalmente* el hermanamiento de nuestra ciudad con la localidad de Villeneuve sur Lot. Hubo festejos y justas postmedievales (mercadillos, todavía no). Por fin teníamos una hermanita. La corporación de aquí fue «invitada» a viajar a Aquitania, y la de allí, a subirse a las murallas y probar el chuletón, para resaltar la fraternidad entre los pueblos, y eso se repetiría un par de años. A mí, entonces, Villeneuve me sonaba al inútil almirante gabacho -valga el pleonasmo- que nos llevó a la derrota en Trafalgar (entonces nos enseñaban esas cosas patrióticas, como que los monos de Gibraltar debían ser españoles y que Guzmán el Bueno defendió Tarifa regalando cuchillos).

Bueno, que me despisto. En algún momento posterior (porque ese cruce tuvo semáforos hasta bien entrado el siglo XXI), se decidio ojomenear a la villa hermana dedicándole una rotonda. Desafortunadamente, a nadie se le ocurrió poner una figura de fierro morroñoso alusiva a esa muy noble y fermosa ciudad francesa**, se ve que no había presupuesto. Y se optó por algo más sencillo, un par de carteles, que no están ni en lo que viene siendo el redondel rotondil, como sí sucede en nuestra Barbacoa Kosher. Yo descubrí la denominación rotondera una oscura mañana que iba cogiendo pokemon, camino de la estación de autobuses, y casi me choco con uno de los carteles***, que está atravesado en la acera. Lo del texto con letras negras en cristal casi transparente es otro logro del camuflaje, cuesta leerlo; si llego a hacer la foto un día con más sol, sólo hay reflejo.

Son dedicatorias así como pa cumplir, dedicatorias ma non troppo. Tanto, que si buscas la glorieta en el Gúguel Maps, no existe; te sale esta cosa que va debajo y que no sé qué tiene que ver. Como las calles (jardines) dedicados al Padre Liquete, o a Loki y Rodríguez Almeida, que se encuentran en un plano adimensional. Y estoy investigando, ojo al dato, otras rotondas con dedicatoria que no tienen ni cartel.

Search WTF?

La rotonda no tiene mucho de particular, hierba y algún matojo… Buenosí, tiene un multifarolo grande que de noche aporta una iluminación más que aceptable; siendo este punto uno de los que soporta más tráfico de la ciudad, es de agradecer.

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(*) Ciertamente, los ayuntamientos tienen por costumbre anunciar cualquier cosa triunfalmente, aunque sea que se ha repintao un paso de cebra.

(**) Es chula, con sus casas colgantes sobre el río Lot. Merecía más un hermanamiento con Cuenca.

(***) Habría sido uno de los accidentes in itinere más penosos de relatar en la mutua.

-¡Que viva el doctor Ángel Torres!
-Se pronuncia Fronkonstin…

La rotonda del Dr. Ángel Torres* está ubicada dentro del recinto del Hospital Provincial de Ávila, justo frente a la entrada principal. Consta de perímetro exterior adoquinado, perímetro interior de seto vegetal con pinchos, y busto sobre peana de granito, que muestra la imagen del susodicho matasanos mirando hacia la salida. El nuevo trazado de los jardines de la entrada la ha desrotondizado un poco, pero todavía hoy hay que rodearla con los coches (claro, si vas de frente te zampas al doctor Torres).

Es una de las rotondas más antiguas de Ávila, yo al menos la recuerdo desde siempre, desde antes de que se impusiera el movimiento rotondil que, inspirado en las retransmisiones del Tour de Francia que veíamos por la tele (qué rotondas tan verdes, qué piñazos se pegaban a veces los ciclistas), sembró nuestra ciudad de estos catalizadores de tráfico. La nuestra es una rotonda ornamental, como esas que hay delante de las mansiones inglesas**, que llegan los invitados con el Bentley, y tras rodearla lentamente, haciendo sonar la gravilla, estacionan delante de la entrada para bajarse a saludar a Lord Whoreson, mientras el chófer y el criado se ocupan del equipaje, se miran a los ojos y el tiempo se detiene.

Bueno, que nos desviamos… La rotonda siempre la recuerdo con su chirimbolo, la estatua de Don Ángel, que es bastante postmedieval. Como en aquellos tiempos (ya hace casi un siglo) no se llevaba el fierro morroñoso, al escultor no le quedó otra -para dotarle de cierto empaque rotondero- que sacarle con una cara entre Arnold Chuarcheneguer y Karol Wojtila. Destilando mala leche, vamos. Seguramente, quería expresar las dificultades que tuvo que afrontar el Dr. Torres para sacar adelante su humanitario proyecto.

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(*) Disclaimer: en Getafe tienen otro busto dedicado a otro Ángel Torres, pero en su caso es de tipo futbolero, es un Ángel distinto.

(**) Oño, que no sus creéis ná, mirad la foto de la página del Sacyl, qué bien queda, si parece la casa de la familia Crawley…

El ciclista imposible

Dentro del parque de rotondas abulenses, hay algunas de contenido triste, pero si queremos que este catálogo esté completo, no podemos obviarlas. La que nos ocupa ahora se encuentra en la N-403 (Ctra de Toledo), en su confluencia con el Paseo de Nª Sra de Sonsoles y la Calle Maceros. Está fabricada en fierro morroñoso, y tiene una réplica en El Barraco, el pueblo del autor. Y como en Ávila nos conocemos todos, esto va de conocidos.

Tengo un buen amigo que pudo haber sido ciclista profesional, pero lo dejó antes de dar este paso. Alto, no subía mal y en el llano iba -y todavía va- como un tiro. Pero algo le hizo decidirse a dejarlo. En su última temporada, corriendo una vuelta por etapas, tenía de compañero de equipo a otra joven promesa que despuntaba en la carretera… y en más sitios. Cuando mi amigo se iba a la cama, rendido, el compañero se iba de juerga. Era normal que se presentase en el hostal a las tantas, y a veces -pues lo de ligar también se le daba bien- con compañía. «Déjame la habitación, apañáos en otra, anda». Y al día siguiente ganaba la etapa. Y mi amigo pensó: «si yo, que entreno y llevo vida monacal, no le gano a este bandarra, es que lo del ciclismo no es lo mío».

Así pasó, que él terminó de informático conmigo en El Mal™, mientras que su amigo Jiménez Sastre llegó a ser un crack del ciclismo, campeón de España y vencedor de etapas míticas en las grandes vueltas. Y todo, sin dejar la juerga. Muchos pensábamos que podría haber estado entre los más grandes, de haberse cuidado un poco más. Pero José María «el Chaba» no era de cuidarse, como Mágico González* y como tantas otras figuras a las que la noche les confundía. Posiblemente no habría soportado un deporte tan sacrificado, si hubiera tenido que llevar lo que para él habría sido una vida aburrida.

Y no sólo sería matar el aburrimiento: sabido es que el ciclismo profesional de esos años se basaba en grandes dosis de «medicina deportiva» (ya dijo Melchor Mauri que «esto no se cosigue sólo con espaguetis»), y no debía ser fácil tener que pasar por el aro, sabiendo que para mejorar tu clasificación le estás haciendo un flaco favor a tu cuerpo y al deporte. Por cierto, Chaba alguna vez comentó, medio en broma, medio en serio, que su cuñao nunca ganaría una gran vuelta si seguía poniéndole pegas al «alpiste». Se refería al marido de su hermana, Carlos Sastre Candil**, que al final creo que ganó alguna carrerilla en Francia.

Sin embargo, y siguiendo con los parientes, hasta en sus momentos de más fama, para mi señora, Chaba Jiménez no era sino «el hermano del Tuberías», pues así era como apodaban a Juan Carlos Jiménez Sastre en la Escuela de Artes y Oficios, cuando ella también estaba por allí, aprendiendo buenos oficios y malas artes. Ya me contaba que Juan Carlos pertenecía, como mi compañero de estudios -ya mencionado en el Ávila Road Museum- Santi López***, a ese grupo de gente cuyas neuronas funcionan por caminos menos trillados que los nuestros (y a los que el fierro morroñoso les parece un material noble). A él le correspondió realizar su obra más triste, el homenaje a su hermano prematuramente fallecido.

También falleció, mucho más joven, otro ciclista abulense, Victor Jiménez Garcinuño, a quien también se le dedicó una figura en la rotonda cercana al monumento de Los Cuatro Postes, en la carretera de Salamanca. Son dos rotondas tristes. Y, como aficionao que todavía de vez en cuando pedalea, recordar que los ciclistas tenemos derecho a ir por calles y carreteras; y adelantarnos pasando vuestro espejo retrovisor a 20cm de nuestra cabeza no es agradable.

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(*) Alguien de quien Maradona dijo que era mejor que él.

(**) Aquí va otro true fact, para animar un poco el post. Cuando mi hija andaba aprendiendo a montar en bici, en esa fase de «no me sueltes, papi, que no te suelto, tú mira palante, etc», volvió un día del cole tan contenta diciendo que ya sabía montar, que le había enseñado Carlos, uno que ha venido a la clase de gimnasia con bicicletas. Y era verdad, desde aquel día ya no hubo que ayudarla****. La muy (####) todavía presume de que le enseñó a montar en bici el campeón del Tour. Resulta que cuando se retiró, Carlos Sastre se dedicó a fomentar el deporte infantil por los coles de primaria de Ávila.

(***) Autor, entre otras, de la escultura Jamón Jamonja , en otra rotonda ya citada.

(****) Mi hija ha heredado la torpeza deportivo-motriz de su padre; y con el miedo que tiene a la velocidad y su poco peso, es el único ciclista del mundo que va más deprisa cuesta arriba que cuesta abajo.

¿Un traslador? No. El límite de la tarifa urbana del taxi de los sefarditas

Recientemente, mi amigo, y también postamigo, @gbuenadicha, me señaló la existencia de este chirimbolo rotondero en el que no me había fijado, a pesar de frecuentar la carretera en la que se ubica, que no es otra que la rotonda de San Mateo*, en la confluencia de la Avda de Juan Pablo Palito Palito (coloquialmente en Ávila, la M30) con la N-110 Soria-Plasencia (también formaría parte de la N-403 y, si consideramos su origen de kilometraje, además, la N-502 Avila-Córdoba**). En primer lugar explicaré su teoría, y después, el resultado de mis investigaciones.

Según Willy, se trata de un Traslador. Para los que no hayáis visto las películas de Jarry Potter, ni leído sus libros, un Traslador es un objeto encantado que permite, a la persona que lo toca, viajar a un lugar específico donde existe otro Traslador. La mayoría de las veces, un Traslador es un objeto cotidiano que no llama la atención de un muggle (no mago). En mi caso, eso de no llamar la atención ha funcionado. Ávila está rodeada de estos elementos, algunos ya han aparecido en esta sección, como la llave 13-14 o el Coeniano monumento de Muerte entre las flores. Creo que me falta el que hay al lado de la exfábrica de fragonetas, y puede que haya más.

Sin embargo, cuando estuve haciendo la afoto, pude tocar el chisme, y no se produjo ningún evento sobrenatural. Cierto es que mi capacidad mágica es inferior a la de Rincewind, pero al menos podría haberme dado una descarga electrostática o una sensación de que estoy en unión mística con la madre naturaleza y los seres que por ella pululan, como los na’vis de Avatar. No se produció nada de eso.

Y entonces empecé a pensar, algo que hago con poca frecuencia desde que me echaron de El Mal™. A ver, tenemos unos chismes con forma de circuito metálico, con la etiqueta «Ávila», ubicados en puntos que gordean*** nuestra ciudad estratégicamente. Una urbe, por otra parte, que tiene a gala haber sido¡ ciudad de las tres culturas y religiones, aunque lo que venía siendo la maqbara musulmana fue arrasada para construir viviendas encima, y en cuanto a los judíos, aquí se celebró –con barbacoa incluida– esa fiestuqui del Santo Niño de La Guardia…

¿Judíos? Y recordé qué jracias a haber visto la serie Unorthodox, sobre fundamentalistas judíos en Nueva York, me enteré de lo que es el eruv, un cerco físico (antiguamente serían las murallas de la ciudad, en la actualidad puede valer un simple hilo metálico) que delimita una ciudad en la que viven judíos, y que permite moverse por dentro de su perímetro durante el sabbath sin quebrantar las estrictas normas de su fe. El eruv de Nueva York mide más de 30 kms, es carísimo de mantener, y zigzaguea por las avenidas que gordean Manhattan.

Creo que las obras de zanjas y trincheras que durante estos últimos meses se han realizado por la zona noreste de la ciudad también tienen que ver con ello, camuflando sus intenciones bajo la excusa de extender una red de tubillos calefactores de energía patafísica (o algo así, todavía no sé muy bien en qué quedará eso que publicitan). Así pues, estas figuras serían realmente los límites del eruv de Ávila, probablemente, con la intención de ponerlo en valor**** durante los próximos Mercados Postmedievales.

Bienvenida sea esta nueva infraestructura, a la que sin duda se unirán próximamente la piscina mecánica y las escaleras olímpicas.

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(*) Al menos, así lo llaman las peñas de ciclistas globeros que la usan como punto de salida/quedada para sus rutas hacia el salvaje oeste de la ciudad, no sé si es el nombre oficial.

(**) Sí, la N-502 es la carretera Ávila-Córdoba, aunque realmente ni empieza en Ávila capital, ni llega hasta Córdoba city, ni nadie que vaya de Ávila a Córdoba utilice esta ruta. Es directa, pero demasiado postmedieval.

(***) Así pronunciaba esta palabra mi sobrina cuando era pequeña, and I think it’s beautiful. Cuando coloreaba un dibujo, primero lo gordeaba (para no salirse) y luego lo rellenaba.

(****) Expresión que en castellano moderno quiere decir «tirar dinero tratando de promocionar algo que no conoce ni el tato, fuera de aquí». Se usó mucho durante la primera década del siglo XXI, cuando, durante la burbuja del ladrillo, se pusieron en valor un montón de cosas que hoy en día languidecen, como el Centro de Interpretación del Misticismo.

Sepulcros prehistóricos megalíticos en tu ciudad

Los dolmenes de corredor -hay al menos dos- recientemente restaurados, tras su hallazgo durante las obras de urbanización del ensanche abulense, son una de las últimas incorporaciones al Ávila Road Museum. Estos fermosos monumentos megalíticos, prueba palpable de la rica prehistoria abulense, se ubican en la Calle Gloria Fuertes. Seguro que ni los abulenses saben dónde está esta vía; es una de las últimas calles de Las Hervencias, ya casi pegando a la Escuela de Policía, más allá de las puertas de Tannhauser. Agradecemos a @gbuenadicha que nos mostrase estos monumentos, que descubrió durante sus prospecciones para ubicar el nuevo helipuerto.

Hasta hace unos años, únicamente se conocía el Dolmen del Prado de las Cruces, en Bernuy Salinero; que realmente está a menos de 5 kms en línea recta de estas otras dos joyas neolíticas, por lo que se estima que podrían haber sido construidos por la misma tribu. Estos -presuntos- monumentos funerarios solían constar de una estructura circular de piedras, a la que se accedía por un pasillo protegido por losas, que comunica el mundo exterior con el inframundo; se pueden encontrar en buena parte de Europa Occidental y también en Ávila Oriental.

El estado de conservación de estos dos túmulos era bastante lamentable, por lo que se procedió a su restauración. Al carecer de fondos, el consistorio decidió aceptar el patrocinio de una jran empresa eléctrica, que encargó el proyecto al mismo becario del edificio de Moneo. Siguiendo un enfoque kantiano, el resultado mantiene la forma (Gestalt) original del sepulcro, aunque los materiales empleados (Verbendetematerialien) distan de los originales (Dirnecatastrophe). Y de paso, se aprovechó para colocar infraestructura de transformación en el centro, un win-win.

Dolmen Iberdrola Adolfo Suarez Viva el Dioce Gloria Fuertes Lagarto Spock 1

El conjunto se ha dotado de una protección vegetal de cupresáceas (como corresponde a una tumba, ahí estuvo fino el becario), que proporciona una sombra alargada (como corresponde a un ciprés, ahí estuvo fino Delibes*) y oculta algo a la vista semejante engendro a los escasos paseantes que deambulan por un lugar tan apartado.

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(*) «La sombra del ciprés es alargada» también tiene que ver con una Ávila encerrada por sus murallas, por cierto.

El Rotondisco

El Ávila Road Museum, ese espacio discontinuo, no acotado y no derivable de monumentos y chirimbolos perpetrados en rotondas, se complace en traer a sus pantallas nuestra más reciente hobra: la Rotonda Terry Pratchett. Se ubica en la confluencia de las calles Arévalo, Dos de Mayo, Eduardo Marquina y Duque de Alba. El monumento es tan sutil que ha pasado inadvertido para la mayoría de los abulenses. Por un error de la cartelería, al principio se colocó una placa en la que figuraba la leyenda “Cronista Terry Pratchett”, pero tras advertir el error, se ha rectificado*.

Es bien conocida la devoción que tenemos los abulenses por este insigne escritor. Tras su fallecimiento se presentaron varias iniciativas dedicadas a honrar su memoria, como, por ejemplo, la del concejal @pepeherraez: construir una gigantesca réplica de la imagen del Mundodisco sobre la antigua estación de autobuses, aprovechando su forma de meseta circular (la moción fue desestimada, como todo lo que propone). Al final, el consistorio se decantó por una rotonda -no deja de ser un mundodisco en miniatura- para ubicar este sencillo pero sentido homenaje.

Como se puede ver, las pequeñas esculturas representan tres sombreros muy significativos para los pratchettófilos, colocados sobre bolardos preexistentes a modo de cabeza: a la izquierda podemos ver el sombrero del mago Rincewind**; en el centro y al fondo, el característico sombrero que solía llevar el propio Terry, y a la derecha, un sombrero de bruja***; todos ellos fabricados en el material rotondil por excelencia, el fierro morroñoso. Es de agradecer que la artista, especialmente recomendada por @CamaradaBakunin, se apartase de la tradición rotondil-morroñosa (esto es, plantar chirimbolos de varias toneladas y que encima nadie sepa qué leches son).

Como dato curioso, un munícipe por antonomasia, que prefiere permanecer en el anonimato, pidió agregar el sombrero de Lord Vetinari (alcalde vitalicio de Ankh-Morpork, la principal ciudad del Mundodisco), pero al parecer este arquetipo del gobierno maquiavélico no usa sombrero. Tampoco prosperó la moción de @Sonsoles_Avila, que pedía que la coral Amici Tui entone el himno “I shall wear midnight” cada Glorioso 25 de Mayo (día de Terry Pratchett), desde el cercano templete del Jardín del Recreo, como parte del festival «Moporkensis».

Para todos los que esto que estoy contando os suene a chino, probablemente es porque conocéis poco de la política abulense y del Mundodisco. Sobre lo segundo, os recomiendo leer todos los libros que encontréis. Sobre lo primero, he de deciros que [HTTP Error 404] blog Los 4 palos [400 Bad Request].

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(*) @gbuenadicha protestó por la eliminación de la categoría de “cronista”, ya que, de alguna manera, Pratchett es el cronista del Mundodisco; y su historia no es más ficticia que aquella que dice que San Segundo fue obispo de nuestra ciudad, o que Jimena Blázquez ahuyentó a la aceifa montando un carnaval sobre el adarve de la muralla.

(**) Rincewind es el peor mago del Mundodisco, incapaz de hacer hechizos****. Para reivindicar su profesión, usa un sombrero en el que está escrito «Wizzar» («Echizero»).

(***) Las brujas del mundodisco son todas ellas personajes adorables, siempre que no se enfaden contigo. Y el color preferido de su ropa no es el negro, es el medianoche. De ahí la canción «I shall wear midnight».

(****) Bueno, técnicamente podría hacer UN hechizo. Y sólo ese, porque se instaló en su cabeza y no le deja aprender más. Si lo conjurase, podría destruir el mundo. El nuestro también.

Una radial dentada, apta para cortar madera, metal, granito y partículas entrelazadas cuánticamente

El Monumento a la Sierra Circular rinde un homenaje a esta herramienta tan útil y polisimétrica. Se ubica en la rotonda final de la Ctra de Madrid/Avda de John Charles The 1st, que está a la altura del centro comercial El Bulevar, y también marca el lugar donde comienza la línea circular* de autobuses. El autor, por una vez, se ha limitado a fabricar, en tamaño XXXXL, la pieza que, sin duda, marca el punto a partir del cual se te otorga el título oficioso de Cuñao del Bricolaje.

Esto es así, y os debo una explicación: el común de la población tiene -tenemos- una caja de herramientas que contiene 6 u 8 chismes para realizar reparaciones básicas, que suele incluir la llave allen que viene con los muebles de Ikea, que guardaste por si te vale pa otra cosa.

Luego están los del «quiero y no puedo», que tienen algún parato más: una bládequer, un juego de llaves de tubo, o el de destornilladores con 84 puntas intercambiables que compraron para intentar arreglar un juguete con tornillos raros que no pasó de la tarde del 7 de enero. Ponéis interés y sabéis cambiar un grifo o un enchufe, eso os lo reconocemos.

Y finalmente, los Manitas, esos cuñaos que usan las herramientas no como un medio, sino como un fin en sí mismo; esto es, primero compran la cacharrería y luego ya decidirán qué hacer con ella**: se empieza con una mesa auxiliar hecha de tablas de palés, se continúa con una caseta para los niños en lo alto del árbol del jardín, y al final te montan la Sagrada Familia de Barcelona hecha con bolitas de pellets. Porque os sale más barato que comprándolo, claro. Da igual que luego no se use, lo que os mola es bricolajear.

Y -aquí quería yo llegar- el punto de inflexión es, sin duda, cuando el susodicho se compra una sierra circular, herramienta que -seamos honestos- no tiene utilidad reparatoria conocida, porque -como ellos dicen- Construir es Nuestra Pulsión*** (CNP, véanlo en la peana del monumento). La sierra circular -con es la herramienta a partir de la cual se desencadena este fenómeno, y precede al establecimiento de una «zona de taller» en el sótano/garaje/bodega de la vivienda, que en nada tiene que envidiar al estudio de Bricomanía.

Para toda esta gente que no superó que el Exin Castillos Tente Lego**** sólo te permitía hacer el modelo básico y cuatro chorradas más, y se quedaron con las ganas de haber construido una Estrella de la Muerte atacando al Alcázar de Toledo con Rayos Fotónicos, vaya este sencillo homenaje.

Enlace al mapa del Ávila Road Museum

.(*) En Ávila, el trazado de la línea circular tiene forma de chuletilla de cordero, no de círculo. Somos una ciudad gastronómica.

(**) También se les conoce porque los Reyes Magos les suelen traer un nuevo artilugio: la amoladora de rincones, la trocoladora, etc.

(***) No, no es pasión, lo que tienen es pulsión. Hablemos con propiedá.

(****) Por si lee esto algún milenial, que lo entienda.

¿Perraco Vetón o Verraco Petón?

Perraco Vetón* es una escultura de fierro morroñoso ¡yuhu! que se ubica en una rotonda de la Avda de Juan Carlos (el primero de su nombre, etc…) a la altura de Ciudad de Cáceres (quicir, a la altura de la calle Ciudad de Cáceres -perpendicular a la citada avenida-, no es que esté en Extremadura) .

La escultura habla por sí sola, es una pena que haya que arrimar el oído para escuchar lo que dice, entre tanto tráfico. Representa, como fácilmente habrán adivinado, una figura perriforme, tipo caniche con pompones, esquematizada en lo vertical e idealizada en lo trascendental. O a lo mejor, no. Igual es la H de Hávila. Joer, si también la** llaman Ábula y Óbila. O las dos cosas, un chucho/hache.

Jamás de los jamases, con unas simples líneas y morroños, un artista consigue transmitir lo que transmite esta figura. Es como el código Morse de las artes, como el libro de claves del fierro morroñoso, como el asistente virtual de tu banco que siempre finge querer ayudarte en cuanto entras a mirar si tienes saldo, en la app. Dice sin decir. Ladra sin ladrar.

La perspectiva, con la ciudad al fondo, ayuda a elevar a los cielos la figura, como si Chucho-H fuese a saltar a por un frisbee imaginario lanzado desde las lejanas montañas. Cuando los viajeros llegan hasta nuestra ciudad por el lado oeste, al atardecer, el chirimbolo destaca contra el sol poniente, creando un contraste absolutamente paseriforme, anfibológico e incluso diplostémono. Y se nota, vaya si se nota.

Vista crepuscular de Chucho-H desde el mismo sitio. Como verán la escultura gana mucho a esta hora.

En la entrada de nuestra ciudad, el elemento escultórico puede servir como prólogo o como prefacio de nuestra visita, depende de si lo miramos desde el punto de vista del conductor o del acompañante. La cosa es no esnafrarse con la rotonda, eso sí, cuando te quedas embobado mirando la figura, enmarcada en algo tan bello que un germanoparlante lo podría llamar Landschaftsvertikalperspektive mit Kartoffeln (mit Erdapfeln si es de Austria**). Y se quedaría tan oreao.

Enlace al Mapa-A.R.M.

(*) Pensaréis que me invento lo que digo, pero la escultura se llama Vettonia y recibió el premio Ciudad de Ávila.

(**) Siendo abulense, debería decir «le llaman»

(***) ¿Hitler decía Erdapfel o Kartoffel? Dejando a Godwin aparte, yo quiero fumar lo mismo que el autor.

La herramienta más buscada

El Monumento a la Llave 13-14 -sí, existe- es una reciente incorporación al Ávila Road Museum. Se ubica en uno de nuestros principales yacimientos rotondíferos, la Avda Juan Carlos I (también carretera de Madrid, de Villacastín, etc, etc, que ya ha salido muchas veces en este nuestro bló) a la altura de la confluencia con las calles Santiago de Calcuta y Teresa de Compostela. O quizá sea al revés. Santiago de Teresa y Compostela de Calcuta.

Buscar la llave 13-14 es una misión imposible, como cazar gamusinos, que se encomienda a un pardillo con el fin de mofarse de él*. Sin embargo, la herramienta existe, y aquí la vemos representada como un giratuercas para trócolas cuadradas, incrustada en una peana de granito. Así, aquel que logre sacar la llave de su pétreo emplazamiento será coronado rey del bricolaje y las chapuzas caseras.

Como no podía ser de otra manera, el monumento ha sido patrocinado por una conocida empresa de venta de chismes y herramientas al por menor. Mu cucos ellos, presionaron para que el monumento a la 13-14 se colocase en las proximidades, como quien no quiere la cosa.

Enlace al mapa.

(*) Sobre el verbo «mofar», en desuso, recuerdo que un compañero de curro tuvo un hermoso lapsus linguae y le dijo a otro «siempre te mofetas de tu suegro», and I think it’s beautiful.

peligro de incendio

La Glorieta del Brasero de la Dehesa es el nombre dado a esta rotonda (pero no a la plaza en la que se ubica, que sigue siendo la Plaza de San Nicolás) desde el 2013. Aquel año se procedió a inaugurar, con presencia de las autoridades, el monolito que lo indica. No se incluyó estatua de fierro morroñoso ni nada, eran tiempos de crisis. Sólo la placa en medio de una rotonda algo insulsa salvo en primavera florida.

Véase detalle

Salvo los seguidores del bló que estén graduados cum laude en historia abulense, pocos sabrán a qué se refiere este fogoso título. Nos remite a tiempos recién postmedievalizados (si tomamos el 1453 como final de la Edad Media, ni 40 años habían pasado). Estamos en 1491, y las mentes bienpensantes de la época lanzan una nueva andanada contra los judíos hispanos. En concreto, a unos detenidos se les acusó de haber crucificado a un niño en el pueblo de La Guardia (Toledo).

El hecho de que en el pueblo no hubiese desaparecido ningún niño no fue problema para que fueran condenados a morir en la hoguera (de ahí lo de las brasas), pues habían confesado todos esos hechos (y si les hubieran preguntado, habrían asumido la voladura del Maine y las debacles del Atleti en la Champions). El asunto trajo cola, y fue uno de los elementos que contribuyó al decreto de expulsión de los judíos de 1492. Recordemos que Torquemada era el Resident D.J. del convento de Santo Tomás, que ya hemos citado en algún otro post.

Y como a los abulenses nos gusta celebrar eventos históricos, aunque fuese un hecho tan triste, se puso la placa; sin dar ninguna otra explicación ni contexto, y todos tan contentos; al menos se podía haber citado cómo protoejemplo de fake news con resultado de muerte. Dejadme que yo prefiera la hoguera.

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