Nosepass a punto de evolucionar

El monumento al Pokemon Nosepass es una muestra más del compromiso de la ciudad abulense con las nuevas tecnologías, el metaverso y el mundo gamer, en línea con la distinción «Ávila, Clever & Smart City». Se ubica en la confluencia de la carretera del Espinar con la carretera de Madrid, denominada Avda de Juan Carlos I o Carretera Villacastín-Vigo o N-110 (Soria-Plasencia) o N-501 (Madrid-Salamanca). Ahí, tojunto en una misma línea, como ecuaciones equivalentes.

El origen de la figura es extraño. Parece ser que a Nalvillos Blázquez, un empresario local, le salió como regalo en un Phoskitos, lo que desató las protestas y envidias de sus compañeros de la Cámara de Comercio, que entendían que puesto que el Phoskitos había sido cargado a la entidad como dietas por parte del empresario (la costumbre), el regalo debería ser propiedad de la Cámara. El empresario adujo que, dado que no iba a regurgitar el pastelillo, tampoco iba a entregar el regalo. Esto estuvo a punto de provocar la desaparición de la Cámara de Comercio. Después de años de disputas, Nalvillos decidió donar la figura a la ciudad, para que no hubiera rencillas.

Nosepass es un Pokémon de tipo roca introducido en la tercera generación. Está realizado en fierro morroñoso (y ya van 3 de 3 hovras). Persisten las dudas sobre si el Pokémon está bien orientado, o si realmente se trata de un Probopass sin bigote.

Pincho antipalomas

En la entrada de hoy les mostramos uno de los monumentos más desconocidos de Ávila, el dedicado a los pinchos antipalomas, esos cacharros que, colocados en terrazas y azoteas, aportan un plus de fealdad arquitectónica. Bueno, y dificultan algo (no mucho) el posado de tan repelente pajarraco, foco de parásitos y deposiciones corrosivas. Está ubicado en el Pantano de Fuentes Claras, pequeño embalse ubicado en las cercanías de la capital, debajo del antiguo vertedero de basuras.

Cuentan los mayores que antiguamente este engendro echaba chorrazos de agua, que contribuían a oxigenar el charco en el que se ubica, pero quedan pocos abulenses vivos que lo hayan visto funcionar. El hielo, la mierda, y el elevado consumo energético parece que dieron al traste con el mecanismo.

Se intentó sacar cierto rendimiento al oneroso chisme, alquilándolo a los de Juego de Tronos para representar el trono de hierro, pero cuando se presentaron los de HBO para rodar las escenas preliminares fueron atacados por los gansos del Molino de la Losa, muy territoriales. La productora desistió, y como consecuencia del ataque, hubo que prescindir del personaje de Aerys Targaryen y Lord Varys pasó a ser un eunuco.

Engranaje relojero

«El Relojero de Ávila» es un monumento extraño, como la mayoría de los chirimbolos del Ávila Road Museum. Realizada en fierro morroñoso, como la hovra anterior («La Bragueta de Villatoro»), la pieza representa un engranaje de un reloj postmedieval, una rueda dentada cuyo giro marca el paso del tiempo; y hace referencia a una actividad muy tradicional en nuestra provincia.

Como está frente al lienzo norte de la muralla (ese que, cuando nieva, sale por la tele con los chavales deslizando el culo por la laera), es visto frecuentemente por los turistas que, desde la distancia, lo interpretan de diversas maneras: «¡Es el pokemon Klinklang!», «¡Es el giratiempos de Harry Potter!»; los franceses son los que más se acercan: «C’est Monsieur Chrono!».

Como ubicación más precisa, está en la Avda. Madrid (nuestra vía más rotondil, ya lo verán si nos siguen), en el punto en el que parte la Ronda Vieja (cuesta de adoquines que rodea la muralla y suele salir por la tele con ocasión de diversos eventos deportivos); en sentido contrario está la Calle del Molino del Carril (conocida en Ávila como «los Guindillas»). Para rematar con el tema de costumbres abulenses, en las fiestas del barrio más fiestero (y pro-vacuna) de Ávila, en esta zona se procesiona y baila al ritmo del pasodoble «El Gato Montés». Que pensaréis que me invento toas estas insensateces, pero no; semos asín. Denle like y suscríbanse.

langarto

La América Precolombina y Postmedieval también tiene su sitio en el Ávila Street Museum. Al final del conocido como Jardín del Recreo o del Dos de Mayo se ubica esta pétrea maravilla denominada «Jurassic Park». El monumento representa un Tyrannosaurux Rex en actitud amenazadora, y fue donado a nuestra ciudad por el Gobierno de Nicaragua, queriendo simbolizar cómo los conquistadores españoles fueron los grandes depredadores  del territorio chorotega. La corporación municipal contestó al embajador con un sincero «¡Viva Honduras!».

Nicaragua no aportó mucha más información sobre la estatua, pero la hemos sometido al rigurosos análisis de nuestros ejpertos. Veamos… La obra es antigua de narices, porque tiene líquenes pegaos en la cabeza. El pedestal bien se ve que salió barato. Algunos afirman que realmente se trataría del dios Cipactli sentado en el retrete, lo que también podría dar otro sentido a la dedicatoria. Otra posibilidad es que la obra sea la única escultura realizada por el poeta Rubén Darío, vinculado a la localidad abulense de Navalsauz. Se trataría de la perdida, aunque citada por algunos biógrafos, «Oh resacón, mi resacón»; lo que, de confirmarse, le otorgaría un valor incalculable. El líquen sobre la cocorota representaría a la absenta, «la musa verde» de pintores y poetas.

Bola Extra 1: La escultura se ubica en el mismo mismito lugar donde estuvo colocado, χρόνια και χρόνια, el Monumento a las Jlorias Abulenses (más conocido por alguna extraña razón como «La Palomilla» ), y que ahora vuelve a estar en la Plaza de Santa Teresa.

Bola Extra 2: En el fondo (inferior derecha) de la afoto se puede ver la antigua y jurásica Estación de Autobuses de Ávila, actualmente sede local de QAnon.

Cremallera

Comienza la sección Ávila Road Museum con esta simpática obra. La Bragueta de Villatoro es un rotundo homenaje al accidente geográfico que ocasionalmente mitiga nuestra pertinaz sequía; pues han de saber vuesas mercedes que, igual que en otras latitudes se asignan metáforas y metonimias a los vientos (cuando «soplan» vientos ábregos, tramontana o el Moncayo), en Ávila se asigna esta procedencia «de la bragueta» a los vientos húmedos que, favorecidos por el desnivel del Puerto de Villatoro (al oeste de la capital) y libres del perverso efecto Foehn que castiga a las borrascas del sur, son capaces de regar ubérrimamente nuestro suelo cual Manneken Pis meteorológico. La propia obra en sí es otra metáfora.

Este exvoto pagano está realizado en fierro morroñoso, el material preferido de los artit-tas modernos. Se encuentra en la Avda de Madrid, en su confluencia con la Avda. de Portugal. Anteriormente en este mismo sitio hubo una fuentecilla; pero la ubicación de la rotonda, en una umbría, favorecía la formación de icebergs.

El cruce, como tantos otros de nuestra ciudad, estuvo regulado por semáforos hasta que el movimiento rotondista se impuso. La revolución semaforoclasta fue tan agresiva en Ávila que prácticamente hay más semáforos en el Parque Infantil de Tráfico que en el resto de la ciudad; se conservan a modo de reliquia para que los niños pueden identificarlos y sepan cómo comportarse cuando viajen a ciudades normales.

La Isa

Antes de ser una serie de televisión, Isabel fue una reina de Castilla (y más sitios), que demostró su noble carácter desde el mismo comienzo de su reinado: usurpando el trono. Aunque en ejste bló somos (y siempre seremos) leales a la legítima reina, Dª Juana Trastámara Avis, hemos de describir (con gran pesar de nuestro corazón) el busto* de Isabel, que ocupa uno de los lugares más postmedievales de la ciudad: al lado del Torreón del Homenaje (el más alto de la muralla), en el comienzo del Paseo del Rastro desde la Plaza de Santa Teresa.
Lo que sí que hemos de reconocer es que todo lo relativo a la erección de esta obra fue un acierto. En primer lugar, la expresividad de la escultura; el autor ha sabido captar ese carácter imponente que la reina siempre supo mostrar en el ejercicio de su mandato; esa mirada que sin duda dedicó a Enrique IV, a Boabdil y a tantos otros amigos y enemigos. Vamos, que destila malaleche. Que si le pilla al escultor, no le habría dicho eso de «troppo vero»; le habría mandado a su confesor Tomás a que le relajase.

Siguiendo con lo de la erección, véase el simbolismo de su ubicación con fondo vegetal; me faltan las palabras para sintetizar cómo se expresa, diciendo pero sin decir, que Isabel tuvo que desempeñar un oficio en el que se prefiere, en el mismo grado, el varón a la mujer, por el artículo 57. Y qué decir del pedestal, qué hay más abulense que el granito, que aporta altura y firmeza. Recordemos que Isabel nació en Madrigal of the Hightowers, localidad muy abulense y mucho abulense.

And last but not least, la estatua está en el sancta sanctorum del Ávila Street Museum, el lugar con mayor densidad de arte local; un enclave donde Isabel tiene cerca a otras estatuas de insignes abulenses, como Santa Teresa o Santa Teresa (es que hay dos estatuas de Santa Teresa en la Plaza de Santa Teresa).
* La extraña polisemia de la palabra busto en castellano probablemente conduzca a que algunos, los más aficionados a la serie televisiva, estéis pensando en algo como esto. Pues no…

Michelle

Vivaspaña

Comienza aquí a petición del público, un spin-off de la serie Ávila Street Museum, denominada, como se indica ut supra, Ávila Road Museum.

Porque desde que Raimundo de Borgoña fue convocado a repoblar nuestro escabroso y yermo territorio, en época pre-postmedieval, y trajo desde sus tierras sus gabachas costumbres, mandó a sus subalternos cumplir lo siguiente: «E fáganse rotondas en todos los crusces do sitio oviera, para evitar que se esnafren caballeros, garçones e mercaderes«. Y aquí viene lo importante: «e se ponga en cada rotonda una ymagen de piedra labrada o quanto menos un árbol, porque los ruanos de la cibdad, que se conduzen como un pizzaiolo con vespino, van cantando: si la rotonda no tiene una fuente, la paso de frente; si la rotonda no tiene un arbusto, la salto con gusto«.

Por eso, las hovras de las rotondas tienen una cuádruple misión: la primera (que comparten con las figuras del Ávila Street Museum) es dar gusto a las musas, a la belleza y al harte en jeneral. La segunda, como ya pedía Don Raimundo, es servir de obstáculo para evitar que los conductores «hagan un recto». En paralelo, la tercera función es aportar visibilidad: algunas rotondas de la Avda Madrid, los primeros sábados por la noche después de haber sido montadas (sólo con un bordillo y césped o gravilla), sufrieron embistes de conductores que -confundidos por la noche- ignoraban la nueva disposición vial. Y, last but not least, servir de alimento al ego de nuestros próceres y munícipes, ansiosos por dejar su impronta para la posteridad, como Ramsés II en Abu Simbel. Ay, si los egipcios hubieran conocido la rotonda…

Las rotondas, además, llaman a la innovación artística: son como un petit-Pompidou, un little-MOMA, un txiki-Guggenheim. En ellas nos podemos encontrar las obras más vanguardistas, horteras y perrofláuticas. También sirven para ubicar cacharros viejos y excedentes de obra que, rodeados por parterres de petunias o pensamientos (flores rotonderas por excelencia), adquieren un nuevo significado. No sé cuál. Alguno.

Por tanto, queda inaugurada esta sección con la rotonda más emblemática de nuestra ciudad, donde confluyen las carreteras Madrid-Salamanca, Soria-Plasencia y Toledo-Valladolid, amén de otras callejuelas y vías de servicio. Esta rotonda tiene una enorme fuente, que a veces hasta echa chorrazo, y en ella fue instalada nuestra insignia nacional, que los días de viento ondea orgullosa recordando que Ávila es una ciudad como Dios manda. Y además es un jran anemómetro.

Ruben

Hoy, primero de mayo, aprovechamos para incluir otra edición especial del Ávila Street Museum. Se trata de la escultura «Ganarás el pan con el sudor de tu frente», ubicada en el Jardín del Rastro, al lado de la puerta del mismo nombre, en el lienzo sur de las murallas.

El busto muestra la figura de un trabajador postmedieval, probablemente, de los hornos, donde es de suponer que haría bastante calor. Gotas de sudor perlan su frente y púberes canéforas le ofrenden el acanto. Sin duda, con esa gota, el autor quiso representar la dureza del trabajo y reivindicar una mejora de las condiciones laborales. Es de un extraño color azul, el color del ensueño, el color del arte, un color helénico y homérico, lo cual también relaciona esta pieza con los Simpson.

El trabajador contempla desde su privilegiada posición el Valle Amblés y las nieves de la Sierra de la Paramera. No se puede ver en la foto, porque claro, el señor mira pacá y las vistas están pal otro lao. O salía la cara o salían las vistas pero con el cogote. No sé si me explico.

 Emperador

Continuamos para bingo con la serie Ávila Street Museum. La obra de esta semana está ubicada en la Travesía Dolores de Palacio, una especie de Callejón Diagón, desconocido para los muggles, que comunica las calles López Núñez y Tomás Luis de Victoria; ubicación acertada para una de las obras más mágicas de nuestro catálogo. Se trata de la estatua en terracota transparente del Emperador de Xian, cedida por el Gobierno Chino.

Cuando el Ayuntamiento de Ávila propuso el hermanamiento entre nuestra muralla y la de China, enviando como gesto de buena voluntad una caja de yemas y un chuletón envasado al vacío, recibió como respuesta esta delicada escultura del periodo Ping -t. En ella se muestra a Kung Pao, emperador de Xian, vestido con armadura de combate, y es una de las pocas esculturas de terracota transparente que se conservan. El envío incluía instrucciones de las autoridades chinas para su montaje: «Arte artesanal postmedieval para decorativo. Tú nivela bien colocado evita caída. Pedestal no incluido.»

En el consistorio hubo unanimidad en considerar que la propuesta había sido un éxito, y todos alabaron la transparencia y belleza de la pieza. Claro, que también hubo unanimidad cuando les presentaron la maqueta del Edificio de Moneo, pero esa es otra historia. O puede que la misma. A la hora de ubicar la escultura, no sin varias deliberaciones y descartar una rotonda recién perpetrada, se eligió este lugar, bajo techo y más protegido de las inmisericordes heladas abulenses. Desde su pedestal (realizado en el mismo granito de la muralla, para subrayar el hermanamiento), el Emperador nos devuelve la mirada, mimetizado con el gotelesco fondo.

 

Adolfo

Como tantas otras en nuestra ciudad, Transición Atropellada es una obra postmedieval difícil de datar. Y también de ubicar, se puede decir que está en la Calle Don Gerónimo o en la Plaza de Adolfo Suárez, y ambas direcciones son correctas. Si miras un plano antiguo, busca la Calle del Generalísimo. Y no deja de ser curioso, porque si le preguntas por cualquiera de estas tres direcciones a  un abulense, es bastante posible que no las identifique. Hay que preguntarnos por la Calle los Curtidos o la Plaza Elbancospaña. Oño, quesverdá…

Originalmente, esta obra se iba a llamar «Crash Test Dummy», pero hubo problemas por los derechos de autor; sin embargo, cumple sobradamente su función: ya ha sido atropellada DOS VECES (y está en una zona peatonal). Esto sin contar el 23-F. También hubo que repararla recientemente porque se movía, pero no en plan C3PO (lo que hubiera sido very awesome), sino como el mango de las sartenes. ¿El motivo? Los turistas tienden a apoyarse en ella para hacerse selfies, dándole palmaditas en la chepa, como si fuera un cuñao abstemio en una celebración.

La escultura está realizada en hojalata corten, resistente a la corrupción atmosférica. La placa de la base, del mismo material, sirve para que le gente se agache a ver qué pone*. 

 

* Pone «La concordia fue posible». No queremos lesiones cervicales.