El ciclista imposible

Dentro del parque de rotondas abulenses, hay algunas de contenido triste, pero si queremos que este catálogo esté completo, no podemos obviarlas. La que nos ocupa ahora se encuentra en la N-403 (Ctra de Toledo), en su confluencia con el Paseo de Nª Sra de Sonsoles y la Calle Maceros. Está fabricada en fierro morroñoso, y tiene una réplica en El Barraco, el pueblo del autor. Y como en Ávila nos conocemos todos, esto va de conocidos.

Tengo un buen amigo que pudo haber sido ciclista profesional, pero lo dejó antes de dar este paso. Alto, no subía mal y en el llano iba -y todavía va- como un tiro. Pero algo le hizo decidirse a dejarlo. En su última temporada, corriendo una vuelta por etapas, tenía de compañero de equipo a otra joven promesa que despuntaba en la carretera… y en más sitios. Cuando mi amigo se iba a la cama, rendido, el compañero se iba de juerga. Era normal que se presentase en el hostal a las tantas, y a veces -pues lo de ligar también se le daba bien- con compañía. «Déjame la habitación, apañáos en otra, anda». Y al día siguiente ganaba la etapa. Y mi amigo pensó: «si yo, que entreno y llevo vida monacal, no le gano a este bandarra, es que lo del ciclismo no es lo mío».

Así pasó, que él terminó de informático conmigo en El Mal™, mientras que su amigo Jiménez Sastre llegó a ser un crack del ciclismo, campeón de España y vencedor de etapas míticas en las grandes vueltas. Y todo, sin dejar la juerga. Muchos pensábamos que podría haber estado entre los más grandes, de haberse cuidado un poco más. Pero José María «el Chaba» no era de cuidarse, como Mágico González* y como tantas otras figuras a las que la noche les confundía. Posiblemente no habría soportado un deporte tan sacrificado, si hubiera tenido que llevar lo que para él habría sido una vida aburrida.

Y no sólo sería matar el aburrimiento: sabido es que el ciclismo profesional de esos años se basaba en grandes dosis de «medicina deportiva» (ya dijo Melchor Mauri que «esto no se cosigue sólo con espaguetis»), y no debía ser fácil tener que pasar por el aro, sabiendo que para mejorar tu clasificación le estás haciendo un flaco favor a tu cuerpo y al deporte. Por cierto, Chaba alguna vez comentó, medio en broma, medio en serio, que su cuñao nunca ganaría una gran vuelta si seguía poniéndole pegas al «alpiste». Se refería al marido de su hermana, Carlos Sastre Candil**, que al final creo que ganó alguna carrerilla en Francia.

Sin embargo, y siguiendo con los parientes, hasta en sus momentos de más fama, para mi señora, Chaba Jiménez no era sino «el hermano del Tuberías», pues así era como apodaban a Juan Carlos Jiménez Sastre en la Escuela de Artes y Oficios, cuando ella también estaba por allí, aprendiendo buenos oficios y malas artes. Ya me contaba que Juan Carlos pertenecía, como mi compañero de estudios -ya mencionado en el Ávila Road Museum- Santi López***, a ese grupo de gente cuyas neuronas funcionan por caminos menos trillados que los nuestros (y a los que el fierro morroñoso les parece un material noble). A él le correspondió realizar su obra más triste, el homenaje a su hermano prematuramente fallecido.

También falleció, mucho más joven, otro ciclista abulense, Victor Jiménez Garcinuño, a quien también se le dedicó una figura en la rotonda cercana al monumento de Los Cuatro Postes, en la carretera de Salamanca. Son dos rotondas tristes. Y, como aficionao que todavía de vez en cuando pedalea, recordar que los ciclistas tenemos derecho a ir por calles y carreteras; y adelantarnos pasando vuestro espejo retrovisor a 20cm de nuestra cabeza no es agradable.

Enlace al mapa

(*) Alguien de quien Maradona dijo que era mejor que él.

(**) Aquí va otro true fact, para animar un poco el post. Cuando mi hija andaba aprendiendo a montar en bici, en esa fase de «no me sueltes, papi, que no te suelto, tú mira palante, etc», volvió un día del cole tan contenta diciendo que ya sabía montar, que le había enseñado Carlos, uno que ha venido a la clase de gimnasia con bicicletas. Y era verdad, desde aquel día ya no hubo que ayudarla****. La muy (####) todavía presume de que le enseñó a montar en bici el campeón del Tour. Resulta que cuando se retiró, Carlos Sastre se dedicó a fomentar el deporte infantil por los coles de primaria de Ávila.

(***) Autor, entre otras, de la escultura Jamón Jamonja , en otra rotonda ya citada.

(****) Mi hija ha heredado la torpeza deportivo-motriz de su padre; y con el miedo que tiene a la velocidad y su poco peso, es el único ciclista del mundo que va más deprisa cuesta arriba que cuesta abajo.

Dejar una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Puedes utilizar estas etiquetas y atributos HTML:

<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>


El periodo de verificación de reCAPTCHA ha caducado. Por favor, recarga la página.