Sanchooooooquijote

A todos los que la presente vieren y entendieren: lo entendierán ustedes, porque yo no. El PostMuseo de Ávila Street es un espacio hartístico-psicótico ubicado en mitad de una parcela no urbanizada de nuestro Eixample, entre Bélgica y Chipre (algo que, en el callejero abulense, es posible). Se compone de un montón de siluetas dispersas que deja estupefacto al que lo contempla por primera vez. Un cartel de «por favor, no tocar», sin mención alguna del tipo «Este lugar fue inaugurado por Josete y Chusma, en plan Pimpinela, el día tal del año cual», me indica que probablemente sea una iniciativa privada (no financiada con fondos europeos, a pesar del barrio).

Fusilao el 3 de mayo

Ante sus fauces traigo algunas afotos que hice un día que pedaleaba yo por allí y, de la misma, a punto estuve de sufrir un accidente. A esas tempranas horas, la luz y la bruma transformaban el paraje en un fantasmal decorado para «El perro de los Baskerville» o, quizá mejor, «Aterriza como puedas». Dejé la bici tirada en la acera (las mountanbáis ya no tienen pata de cabra) y me bajé a imortalizar el lugar.

La cabra, la cabra…

Ante mí se extendía un páramo misterioso, pleno de siluetas -la mayoría negras, alguna en color- que representan cosas. Posiblemente, ese tipo de cosas a las que se refería Rajoy cuando decía «me gustan los catalanesh porque hacen coshash». Es decir, cosas sin sentido, cosas que podrían existir en la mente del propio Eme Punto (alguien cuyo principal momentazo para la historia transcurrió mientras se tomaba unos whiskis).

Señales de humo, Manitú, Manitú… Nos avisan… Manitú, Manitú…. Que llegamos tarde y nos demos prisa

Al rato, llegué a una conclusión: ¡el mineralismo va a yegaaaar! Y después, a otra conclusión. Alguien estaba intentando crear un Ávila Street Museum, pero no en el mundo virtual, como el de los bitcoins, sino en el mundo tangible, como el de los espárragos con mahonesa. No podemos pasar por alto a este competidor, que lejos de ser un adversario, enriquece el panorama museístico de Ávila con algo mucho más bizarro* que nuestro Á.S.M. Tres pueblos más bizarro, sa pasao. Hablemos del milenarismo, coño.

El Águila Nacional en su posadero

No tengo mucho más que decir, las imágenes hablan por sí solas. Y cantan y bailan. Ójala el esforzado caballero que, con más tiempo que yo, se dedica a instalar estas hobras de harte, continúe su labor con el reconocimiento que merece. Me parece un milagro que esto subsista sin haber sido vandalizado; probablemente, el hecho de estar en un lugar de la ciudad que no merece ni ser llamado «un lugar de la ciudad», de tan recóndito y apartado como está, lo ha permitido. Que la fuerza le acompañe, estimado colega. Usté es lo más postmedieval de esta ciudad.

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(*) Sí, uso bizarro con el significado de «raro», y no con el de «valiente», que es el más y mucho español. Me he dejado contaminar por el sentido perfidoalbionesco de la palabra. Mea culpa, mea culpa, mea maxima culpa.

Soluciones, en la última página

El Monumento a la Sopa de Letras es una placa de granito editado con letrujas mayúsculas en tipo Arial*, ubicado en la Plaza Concepción Arenal, al lado del Archivo Histérico Provincial, que anteriormente fue el Convento del Carmelo, y también fue la casilla de la cárcel, cuando se inventó el «monopoly de las murallas», aquí en Ávila. Es otro engendro detectado en su momento por @gbuenadicha, que no sé cómo hace para descubrir cosas como éstas y mantener la cordura.

La frase oculta de la sopa es «¡Aquí, ah, ora!, grato granito. Gran hito, granito. Gracias a La Gracia«, que parece que me lo he inventado plagiando el Monólogo mal puntuado de Les Luthiers, pero en este bló sólo decimos la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad, que esto salió en la prensa. En Ávila cuando nos ponemos místicos somos la leche, y no os pensamos decir lo que fumamos pa que no nos copiéis.

Sobre el monumento, qué podemos decir que no se haya dicho ya. Básicamente, nada. Estuve tentado de tumbarme encima y hacerme una foto posando como el hombre de vitrubio, pero la losa mide 2 m de lado y por tanto yo no habría quedado correctamente circunscrito, ni calzándome unos taconazos de drag-queen.

Por mi parte, yo he encontrado otra curiosidad del crucigrama, y es ésta:

HHHH

…esas 4 haches encadenadas que, como todo el mundo sabe, son las siglas de «Himmlers Hirn heißt Heydrich», lo cual nos permite cumplir la Ley de Godwin y terminar este post.

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(*) En la noticia dice que es tipografía «Futura», pero a mí no me engañan. La Arial de toda la vida que ya venía con el guorperfet.

«Rechazando al Enemigo» es un monumento de arte efímero, un happening o performance, recientemente colocado para demostrar al visitante la capacidad defensiva de nuestras murallas. Se ubica (provisionalmente) en el Paseo del Rastro, cerca de la curva que conduce a la Plaza de Santa Teresa (donde estuvo el alcázar de la ciudad hasta la época postmedieval), entre dos cubos (torreones) muy próximos. Dense prisa si desean contemplarla, vayan antes de que -aunque aún no hay fecha- la exposición sea clausurada.

El happening no sólo es una muestra de harte, también es un haviso a naveghantes, que se dice. Lo explico. Sepan vuesas mercedes que el Paseo del Rastro, orientado al sur, es un lugar propicio para el paseo y el esparcimiento, en especial de personas de cierta edad que necesitan -necesitamos- hacer la fotosíntesis en un lugar tranquilo, soleado y protegido del viento, y con sitios para sentarse. Y entre este tipo de personas, algunas -también por esas cosas de la edad- vamos teniendo ciertas urgencias repentinas que es necesario aliviar. Y hasta bien entrado el siglo XX, la muralla era un lugar propicio para ello (todavía recuerdo algún cartel prohibiendo -bajo multa- «hacer aguas», colocado en nuestro singular monumento).

Este tipo de actos han ido desapareciendo, pero no del todo. La proximidad de los dos cubos, como se ve en la foto (atípica, pues la habitual es de unos 20 ó 25 metros) es, de algún modo, la que explica el lugar elegido para el happening, pues ha creado un lugar escondido de la vista y propicio para hacer una guarrerida. Algo que, sin duda, a partir de este momento está bajo una amenaza bastante mayor que la pragmática sanción que nuestro ordenamiento prevé para estos actos. A ver quién tiene narices de echar un pis cuando te pueden caer encima un montón de pedruscos.

Por otra parte, y para el que no entienda de historia real, digamos que la muralla se defendía así. Todavía recuerdo las explicaciones de Chuchi Gu* ante un grupo de compañeros, en una visita guiada, cuando pasábamos por una puerta de la muralla, y nos indicó que mirásemos hacia arriba por un hueco que -con evidente función defensiva- hay a través del techo del arco, y que para qué servía. Todos coincidimos en indicar que «para echar aceite hirviendo a los enemigos», y con una carcajada nos dijo «pero qué cohone aceite, con lo caro que va, y encima aquí en Ávila que no hay olivos**». Evidentemente, lo que se les echaba por ese orificio podía ser cualquier tipo de material contundente o punzante, y entre ellos, y en caso de emergencia, las mesmas piedras que componen la muralla.

Así, en el caso que nos ocupa, una almena o merlón de la propia muralla ha sido usado como contundente amenaza para meones y otros seres poco respetuosos con el patrimonio, y se ha considerado instalar un automatismo (el alcalde últimamente está muy por la labor de instalar cosas automáticas) para que en caso de detectar una micción, se dispare este mecanismo de defensa.

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(*) Guía turístico local*** que tuvo un coche de segunda mano con matrícula de Guadalajara, y se quedó con ese apodo.

(**) En el sur de la provincia de Ávila hay olivares, y producen un excelente aceite; pero aquí en la capital tan solo tenemos alguno más ornamental que otra cosa.

(***) El tema de las visitas guiadas a la ciudad no pertenece a esta sección del bló, pero últimamente tiene cierta polémica, ya que lo que antes era un coto interesadamente cerrado, ahora se ha visto invadido por «paragüeros» (porque suelen llevar ese instrumento a modo de señal identificativa par su grupeta) que se anuncian por internet, y a los que -cuando paso a su lado- he escuchado decir alguna que otra barbaridad, por ejemplo, que Santa Teresa fundó el Monasterio de la Encarnación.

Una pasota postmedieval

Continuando con los homenajes literarios, como el de ayer a Terry Pratchett
(en el Á.R.M.), presentamos hoy la ingeniosa placa “Todo se pasa, pasa de
todo”, dedicada al efecto placebo, ese proceder que tenemos algunos humanos de
asociar la mejoría de una dolencia a cualquier remedio que nos hayan
administrado, independientemente de la validez de éste. La versión infantil de
este lema sería “Cura, sana, culito de rana; si no sana hoy, sanará mañana”. Se
ubica, a modo de ventana ciega, en una pared de la Calle Duque de Alba, poco
antes de la confluencia con la Calle Candeleda.

La ortografía de la inscripción, como pueden ver, corresponde a la de una
doctora postmedieval, que en Ávila somos muy y mucho de parecer antiguos. El
libro de recetas sigue el modelo del SACYL de 1562. La frase, por tanto, podría
muy bien ser un mantra destinado a sanar al enfermo de todos sus males,
probablemente con la ayuda del reiki y del aguardiente de San Juan de la Nava*
o cualquier otro producto fitosanitario local.

Hay que tener en cuenta que la mayoría de los remedios de la medicina
tradicional, hasta el siglo XVIII, procedían bien de la superstición, bien de
las disposiciones de la Tanned Balls University. Algunos de estos remedios
todavía subsisten, como la acupuntura, la homeopatía y los seguros médicos
baratos, a los que -todavía hoy- muchas personas siguen atribuyendo propiedades
curativas**.

En cualquier caso, el placebo, convenientemente administrado, es una
herramienta útil y -sobre todo- barata. Todavía recuerdo cómo mi padre, que con
la más leve enfermedad se veía al borde de la tumba, recuperaba milagrosamente
la plena salud a los 15 segundos de tomarse la primera dosis de antibiótico
(siempre barajamos la posibilidad de cambiárselo por otra cosa, pero conocía
bien el sabor de la amoxicilina, y todavía no habían inventado los gintónic sin
alcohol).

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(*) Localidad abulense, antiguamente famosa por el destilado de aguardientes*** artesanales.
(**) El truco de esta nueva brujería está en emplear palabros cientéficos, como: “flujos de energía”, “resonancia mórfica” o “coberturas y exclusiones”.
(***) Como suele suceder con los aguardientes caseros, a lo de San Juan de la Nava, llamarlo aguardiente es quedarse corto.

Conocido aquí como «piedras jincás»

El monumento a los Campos Frisios es, a la vez, un monumento y una estructura defensiva (como el cimorro de la catedral de Ávila). Se ubica en el exterior de la iglesia de San Andres, en la plaza del mismo nombre, protegiendo a los ábsides del templo de los ataques de los vándalos.

El monumento hace un guiño al pasado vetón de nuestra comarca. Todavía hoy, en castros cercanos, como el de Las Cogotas, se puede admirar la zona de piedras hincadas que constituía un elemento de protección para dificultar el avance de los enemigos. Este mecanismo defensor es el precedente de otros más postmedievales, como los espárragos de Rommel o la Arquitectura Hostil.*

Diseñada contra la tribu de los Meones

Sepan vuesas mercedes que los rinconcillos que quedan entre los ábsides eran utilizados por chavales y no tan chavales para hacer sus necesidades, lo que sin duda es algo reprobable. San Andrés es una pequeña joya del románico abulense, y los campos frisios contribuyen a evitar esta guarrerida española. Queda claro, a la vista de las imágenes, que es muy desaconsejable -sobre todo en estado de embriaguez- tratar de caminar entre las defensivas piedras, por el riesgo de perder la dentadura en el intento. Lo que no se ha evitado del todo es la acumulación de basura, fundamentalmente bolsas de patatas fritas que se enredan entre las piedrecillas (claro, los barrenderos también tienen complicado entrar a limpiar; es un pequeño problema de este diseño).

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(*) La vecina ciudad de Madrid es puntera en esto de la Arquitectura Hostil, creando un nuevo paradigma de hostilidad minimalista (nihilista, incluso). Véanse los ejemplos de reformas como la Plaza de España**, la Plaza del Callao o la Puerta del Sol, donde la progresiva supresión de elementos citizen-friendly (vegetación, mobiliario urbano…) consigue la misma función que las piedras jincás, pero por ausencia.

(**) Ojo, que -aunque inaugurada por el actual- ese proyecto es mérito de la anterior; que las hizquierdas también se dejan comer el tarro por los urbanistas; es más, yo diría que resultó más fácil dorarle la píldora a la abuela; a Dickface al menos hubo que disuadirle de su idea original (construir un megaparking de 16 pisos), porque taparía la imagen del reloj en las campanadas de nochevieja.

Plano Interactivo Marca Acme

El fermoso elemento monumental denominado «Gúguel Maps Postmedieval» es un loable chisme colocado en la Plaza de Adolfo Suárez, al lado de la estatua «Transición Atropellada«, ya descrita en este bló. Como se puede ver en la afoto, es un plano en relieve del recinto amurallado, algo vandalizado, a pesar de su reciente instalación.

La idea de colocar este plano-cosa fue consecuencia de las constantes reivindicaciones de hosteleros y comerciantes de Ávila: tratar de revertir el bajo promedio de gasto de los visitantes foráneos. El turista tipo llega a Ávila y se pone a pasear por nuestro bello entorno: las murallas, las iglesias, los palacios, el Ávila Street Museum al completo…. Cuando se quiere dar cuenta, está cansado y se le han congelado las orejas (normalmente, sucede antes lo segundo), y se vuelve pa Madrid, que lo tiene al lado, sin dejarse un euro en nuestra ciudad.

¿Y cuál es remedio? Pues a partir de ahora, se atrae al turista al Gúguel Maps Postmedieval. Aquí puede contemplar, a vista de pájaro, todos nuestros monumentos. Los puede hasta toquetear y sobetear. Incluso lamer, llegado el caso*. Hale, ya conoces Ávila, ¿no? Pues esto era lo que había que ver. Ahora te vas de tiendas, de cañas, y luego a un buen restaurante, a jartarte de revolconas y chuletón, con yemas de Ávila y chupito. Lógicamente (segunda parte del plan), esto provoca sopor y pesadez, incompatibles con el desplazamiento, por lo que se ve obligado a pernoctar en nuestra ciudad y seguir consumiendo. Es un plan sin fisuras. Con Guido Caprotti nos funcionó.

Nos consta que nuestro alcalde, siempre en pos de escalerizar y mecanizar la urbe, está preparando un videomapping que, proyectado sobre la fachada norte de la Catedral o lugares similares, mostraría las maravillas de nuestra ciudad** en plan mecano urbano futurista (como esos de la intro de «Guego de Dronos»). Terminada la proyección, uno de los concejales, infiltrado entre los turistas, comentará: «qué frío, me voy a tomar unas revolconas calentitas a un bar de estos de por aquí»; «ah, sí, que aquí en Ávila las tapas son gratis***», responderá otra, provocando sin duda la reacción mimética de los allí presentes. Y todos a consumir.

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(*) El Camarada ya lo hizo, una noche volviendo de copas; y nos comenta que presenta un cierto aroma calizo, complejo en nariz y persistente en boca, redondo y con retrogusto a pattex-no-más-clavos.

(**) Entre las maravillas de la ciudad se encuentra el propio alcalde, como presentador del vídeo (pero doblado con la voz de Ramón Langa).

(***) Gratis, gratis, no son; pero normalmente la tapa va incluida en el precio de la caña, sin opción de reembolso en caso de renunciar a la misma.

La entrada de hoy no tiene nada que ver con San Mamés, pero, de todas formas, ¡aúpa Athletic! ¡Iñaki Lehendakari!

Tras las esculturas de los verracos, seguimos con bichos pétreos. Los leones de la catedral son una serie de figuras leoniformes (hay 12 ó 14 polomenos) que se ubican alrededor de la catedral, perimetrándola por el lado de dentro de la muralla. Están encaramados en pedestales, todo ello de nuestro afamado Granito™ con denominación de origen.

Según me contaron, antiguamente marcaban el límite de la jurisdicción donde los perseguidos por la justicia podían acogerse a sagrado*. Hasta hace algunos años estaban unidos entre sí por unas cadenas, con lo que era más patente la separación iglesia-estado; pero últimamente esa separación se ha difuminado. Por eso los leones ya no muerden con fruición el último eslabón de las cadenas, quedando visibles los orificios donde se insertaban; como se puede comprobar en los morros de la fiera.

Alguno de ustedes verá esto como algo muy viejuno, de antes de internet, pero (voz de Christopher Lee) ¡que tenga cuidado quien ose molestar el eterno y sagrado descanso de los leones! ¿Os reís? Sus voy a contar su historia, en la que se explica cómo una estatua de piedra vengó una afrenta, y es cierta y verdadera y más impresionante que la leyenda «El beso», de Bécquer. De hecho, es la culpable de que los leones ya no tengan cadenas interleoniles.

Estamos en la Ávila postmedieval. Un grupo de chavaletes guiris, de visita a nuestra ciudad, se aburre de las explicaciones de su profesora. Y uno de ellos decide colgarse a hacer el mono de las cadenas de los leones. Entonces, el león aquí retratado, de nombre Simba (esto lo añadimos por mantener el pathos) decide castigar al impío extranjero, saltando desde su pedestal y cayendo sobre el infiel; el combate se salda con la aplastante victoria del felino, que además provoca varias fracturas a su agresor y la consiguiente maldición «mira que os lo tengo dicho, lamadrequeosparió, no se os pué sacar de casa» pronunciado en la extranjera lengua de la tícher.

Como consecuencia del incidente, y en previsión de ulteriores sucesos, en lugar de sujetar los leones con algún podheroso adhesivo de esos que anuncian por la tele, el ayuntamiento decidió curarse en salud y eliminar las cadenas que tan fermosas lucían en la plaza; pagando una vez más justos por pecadores. El Ávila Street Museum les homenajea como merecen, y clamamos por la restitución de las cadenas, a ser posible electrificadas.

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(*) Esta prerrogativa eclesial comenzó siendo una especie de habeas corpus para evitar linchamientos in itinere, para terminar convirtiéndose en un recurso para eludir a la justicia by the face**. Dejó de estar vigente en estos reinos no hace tanto… Era rey un tal Juan Carlos I de España y V de Botswana, de hecho. Y hay quien afirma que realmente no está explícitamente derogada. Otras iglesias locales, como la de San Pedro, tienen leoncillos rampantes marcando el perímetro, como se vio en la foto del edificio del MaMoneo.

(**) Ejemplo: El duque de Lerma.

Vista general del edificio más famoso de Ávila

Uno de los monumentos más recientes del Á.S.M., y quizá uno de los pocos que no me atrevo a llamar postmedieval, es el Edificio de Ma-Moneo. Técnicamente, al ser una edificación, no debería formar parte del museo; pero el adifisio trasciende la propia función de «rebaño de viviendas u oficinas y locales comerciales» para formar parte del paisaje urbano, contaminándolo de tal manera que algunos visitantes que ya conocían Ávila, cuando volvían y lo veían por primera vez nos manifestaban a los lugareños su incredulidad y estupor. Y eso también es harte.

Bueno, a lo que vamos… El engendro se ubica en la Plaza de Santa Teresa*, cerrándola por el lado sur. Está formado por dos bloques de pisos diferentes en su tamaño, tonalidad y estilo, separados entre sí por una rejendija que permite bajar -esquivando los meados y basuras de botellón, si es fin de semana- a la Calle del Pilón de las Bestias**

El edificio tiene su historia, y es larga. Un buen día, los próceres abulenses pensaron en dar un niu luk al lado menos vistoso de la plaza, y se pusieron manos a la obra. Lo primero que hicieron fue pedir a léase con la voz del cura de La Princesa Prometida Patrimonio el permiso para derribar unas casas de principios del XX, que estaban en el catálogo de edificios protegidos. El permiso fue denegado. Imposible. Eran edificios muy y mucho representativos del estilo neomudéjar, importantísimos. Imfreszidibles.

Una legislatura más tarde, se repitió la consulta***, añadiendo en la petición que el nuevo proyecto sería obra de un insigne arquitecto (y no como antes, que era -true fact- mi cuñao). Resultó que los edificios se podían derribar, faltaría más, a la mierda el ladrillo visto, los mudéjares y sufrutamadre. Y poco más que decir. Se derribaron las casas y construyeron un parking y dos bloques de pisos de estilo ni fú ni fa, que imagino se encargó al becario recién llegado al estudio, que a su vez hizo un copy-paste de un proyecto tipo «Bloques de viviendas y locales comerciales en el ensanche sur de San Genaro, promotor: Antonio Alcántara».

Otra vista un poco más centrada. Nótese el cabreo de los leones

Parece ser que en las presentaciones previas (planos, maquetas y demás) a nadie de la corporación le gustaba el proyecto; pero como el emperador del traje aquel, ninguno se atrevió a piar, no siendo que quedase como un estúpido e incapaz para su cargo. Que era de Moneo, coño. Autor del Museo de Mérida, la ampliación del Prado, de la estación de Atocha y un sinfín de hovras mahestras.

A ver, que no es que sea horrible****, y los abulenses ya nos vamos acostumbrando; pero nos ha quedado una cosa insulsa de narices en una plaza que –dense una vuelta– pedía a gritos o una réplica ma o menos actualizada de los soportales de enfrente, o algo absolutamente rompedor; nunca algo como lo hecho.

Aparte, tanto el edificio, como el parking, como el enlosado de la plaza han dado bastantes quebraderos de cabeza por los materiales y técnicas empleados. Para empezar, el primer invierno se resquebrajaron las losas de la plaza, no aptas para soportar las heladas abulenses; para continuar con problemas de humedades (pero humedades de las que preocupaban a Noé) en el parking; y este mismo año ha habido que volver a recolocar las losas de la plaza porque parecía que un Godzilla había pasado dando pisotones.

Y esta es la historia del edificio de Ma-Moneo. Muy resumida.

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(*) La dispersión abulense se manifiesta en sus plazas. Tenemos dos «plazas mayores», una más pequeña, pero en la que está el Ayuntamiento, llamada «Mercado Chico» (anteriormente, Plaza de la Victoria -esa-, plaza de la Constitución, Plaza de la Religión y del Rey (sic), plaza de San Juan… y mucho antes, probablemente, fue el lugar donde se cruzaban el Cardo Maximus con el Decumanus Maximus). La otra es ésta, la Plaza de Santa Teresa, frente al Torreón del Homenaje de la muralla, que es más grande (y por ello es conocida familiarmente como Mercado Grande). Las dos tienen soportales, las dos se quedaron a medio construir*****.

(**) Se llama así, pero no he visto nunca el citado pilón. Igual se refiería, avant la lettre, a la citada chavalería que ahora hace botellón en esa zona.

(***) La segunda petición a Patrimonio estaba mejor fundamentada: «Que costara su dinero, pues de mármol alabastro, de nuestro rico catastro la montará un escultor arquitecto en plena Plaza Mayor.»

(****) Vale, igual sí es horrible. De hecho, si conocéis a alguien que le guste, pofavó que nos llame y le derivamos al especialista.

(*****) El Mercado Chico es como si pides a AliExprés la Plaza Mayor de Salamanca y te llega una «Mayor Cuadrado con Arcades y Ayuntamiento, Alcalde no Incluido. Tu pones bien nivelada en Espacio Rectangular en ciudad post-mediebar.»

Postura antinatural

De manera especial, les traemos un elemento de harte hefímero del Ávila Street Museum; un oso espatarrao que ha sido colocado provisionalmente en el jardincillo de San Vicente, al lado de la muralla. El bicho ha sido bautizado como «El Herradón-La Cañada» (qué pasa, los ingleses tienen a Paddington, que es otra estación de ferrocarril).

La figura se ilumina por la noche, lo que contribuye a difuminar sus facciones y realzar su fealdad. Por el día el oso está más apagado (me refiero a las luces, no a su estado anímico); aunque, por otra parte, el color blanco aporta invernalidad y volumen.

Acojona un poco

La primera vez que lo vi, pensaba que era un homenaje a Mitrofán, porque esa postura bien podía corresponder a una intoxicación etílica. Luego, dadas las fechas en las que estamos, me he parado a pensar si al oso, su profesor de gimnasia le ha ordenado hacer una figura de extensión pernil sobre el frío suelo, para comprobar su flexibilidad (son reflejos condicionados que tenemo los que cursamos gimnasia, en los 70, con profesores reciclados de Formación del Espíritu Nacional); el siguiente movimiento es tratar de tocarte las puntas de los pieses con los dedos sin cambiar la pose; en mi caso difícilmente pasaba de la espinilla. Pero vamos, relación con la Navidad, poquita.

Seor Arcarde, malamente (tra, tra) vamos a competir con Vigo si mantenemos iniciativas como ésta. Mantengo mi propuesta de cubrir la muralla de papel albal bien estirao y que por la noche brille cual supernova, reflejando la iluminación que ya tiene. Por el día nos puede servir para contactar con los extraterrestres.

¿Dónde está mi rotonda?

«Ptérodáctilo mirándose el ombligo» es una escultura (creo) de fierro morroñoso ubicada en el Jurassic Park de Las Hervencias, no preciso más la ubicación porque es grande de narices y se ve desde a tomar por… desde Segovia, casi. Endeaquí doy las gracias a nuestro amigo @gbuenadicha por indicarme el título de esta hermosa hovra de harte, yo lo desconocía.

En mi opinión, el pobre bicho está preocupado porque no tiene rotonda. La figura -no me lo negarán ustedes- es absolutamente rotondista, un «personaggio in cerca de rotonda», que diría Luigi P.; no veo claro qué extraño avatar del destino ha terminado dando con ella en mitad de un parque herbáceo de concepto abierto, con estanque de patos, columpios y otros complementos.

Imaginad al pterodáctilo metido en un gigantesco nido rotondil, así como los de cigüeña, pero en talla XXL; sería el complemento ideal. Y ya si el pajarraco, perdón, reptilaco, ¿tampoco? ¿sauropsi…daco? diese vueltas, de vez en cuando, sería la leche. Propongo instalar la rotonda-nido* en la confluencia de las calles Vallespín, Tres Tazas y Travesía de Santo Domingo.

Dado que nadie sabe exactamente cómo era un pterodáctilo, el autor ha preferido hacer una elipsis sintética y dejar volar a la imaginación, al igual que el bicho ese surcaba los cielos cretácicos, o los torácicos, que ya no recuerdo de que época era.

(*) ¡¡¡¡ARCARDE!!!! La idea de poner una rotonda dedicada a las cigüeñas abulenses, reproduciendo alguna espadaña o campanario local (los Jerónimos, Santa Ana o el Carmen), la propongo enzerio. Si se hace bien, con una torre medianamente alta, hasta igual anidan deberdá; no haría falta mucho para convencerlas.