Al catálogo de Edificios Singulares Abulenses, Yo soy ESA, le ha salido un triste imitador; se trata de la autodenominada Fundación Docomomo siglas de DOri CÓmo MOla MOrderte o algo así, pero resulta que tiene que ver con una serie de edificios postmedievales y postmodernos que se construyeron all over the world en los años centrales del siglo XX, por gentuza como Lecor Busier o Vander Roje; y que ha catalogado en Ávila la friolera de 11 edificios. El de Moneo no está ni se le espera, no me toquéis las narices desde el primer párrafo.
No pensaba citar a este grupúscolo de arquitectos autobomberos, pero una serie de curiosas coincidencias me hace tomar mi pluma (metafóricamente hablando) para redactar unas líneas. Resulta que uno de los edificios docomómicos de Ávila no es otro que el cole donde yo cursé los ocho años de la EGB, llamado “La Aneja” (por ser la escuela aneja a la de Magisterio), actualmente dedicada al inventor del Albornoz, Don Claudio Sánchez. Helo aquí.
Foto Aneja: Daniel Villalobos Alonso / Docomomo*
Y resulta que otro de los docomomomomomos son las escuelas del pueblo de mis padres, Santo Domingo de las Posadas, donde yo no llegué a estudiar, y que hace muchos años que no funcionan por falta de alumnos, construidas gracias al Sr. Vaca de Osma, gobernador civil y jefe provincial del Movimiento**, que por las referencias que tengo, puso bastante empeño en modernizar Ávila. Hizo lo que pudo, muchas veces en contra del que fue su obispo, don Santos Moro Briz, insigne sucesor de Prisciliano, reina del desierto.
Foto: Daniel Villalobos Alonso / Docomomo
Las coincidencias no terminan ahí. ¿Casualidad, serendipia? Ayer mismo rendí postrera visita (el funeral es hoy) a alguien que fue maestro (ojo al dato) en ambos edificios, y profesor mío, Don Jesús de Blas, al que siempre recordaremos por enseñarnos aquellas cantinelas de “hidrógeno, litio, sodio, potasio…”, y otras maravillas de la naturaleza.
Por terminar con las casualidades, el edificio de la Aneja ocupa lo que en su momento fue el “Cuartel Antigás”, una sección del Ejército Español (¡viva!) preparada para combatir en las tristes y venenosas condiciones que se pusieron de moda en la IGM. Y -he aquí la enésima coincidencia- Mi padre, que durante la guerra civil fue pastor (en Santo Domingo de las Posadas, where else), y que fue secretario de su pubelo cuando se hicieron las escuelas, fue detenido e interrogado con 13 años en ese cuartel (junto con otros miembros de su gremio), en las investigaciones relativas a un sabotaje al ferrocarril Ávila-Medina del Campo, cerca de su pueblo. Mi padre no tenía buenos recuerdos de este docomomo; no iban a por él, pero les “apretaron las clavijas” para ver si delataban a algún ferroviario o algún rojo (solía ser sinónimo). Tampoco tenía buenos recuerdos del obispo Moro Briz, pero eso es un caballo de diferente color.
(**) El Movimiento era un simpático oxímoron para referirse al partido único que pretendía dar apariencia política o ideológica al franquismo, caracterizado precisamente por su inmovilismo.
Retomamos con pesar para ustedes el catálogo de Edificios Singulares Abulenses (Yo Soy E.S.A.) con un edificio que llevaba tiempo ahí (en cocreto, desde el XVI) pero que yo ni me había enterado de su singular importancia; el Palacio de los Guillamas. El Palacio se ha pasado en un estado semi-ruinoso un montón de años, hasta que ha sido recientemente rehabilitado y reconvertido en viviendas con habitaciones y tó. Y a su puerta luce flamante este cartel de granito local (what else) en el que se indica que Nuestra Santa por Antonomasia, cual aparejador titulado, realizaba desde él la preceptiva D.E.O. (Dirección de Ejecución de Obra) del que sería el primer establecimiento de su franquicia, las Carmelitas Descalzas (fectivamente, el convento de San José está a pocos metros del palacio, y los Guillamas fueron promotores de la obra).
Los Guillamas fueron unos nobles de origen gabacho-borgoñón (el nombre les delata, guayuminí dix points) como nuestro repoblador Raimundo de Borgoña, cuyos descendientes medraron en la corte y tuvieron cargos importantes con los Austrias. De hecho, hay otros edificios de Ávila que fueron propiedad suya, como la Casa de los Guillamas (al lado de la iglesia de San Andrés), o el mismo Palacio de los Verdugo, que ahora es sede de cosas varias del Ayuntamiento y es muy visitado por los grupos de turistas porque se puede entrar gratis.
Casa de los Guillamas, foto «Ávila, Raíces y Futuro»
Es de suponer que Santa Teresa estuvo en otros muchos sitios de Ávila, porque era muy inquieta; pero en éste ya tenemos una placa que lo confirma. Casi te la puedes imaginar saliendo de allí con los planos, a discutir con albañiles y proveedores por el precio del metro cuadrado de pladur o por los remates.
La entrada de hoy se sale un poco (territorialmente hablando) de nuestro ámbito, pero resulta que he vuelto maravillado e impresionado de los edificios singulares visitados en un reciente periplo por tierras asturianas, y no tengo más remedio que dedicarles una entrada en plan “abulenses por el mundo”, con un par de sus mejores adefesios, ante los cuales hemos de quitarnos el sombrero y taparnos los ojos. Ambos son maomeno conocidos, pero siempre es posible que alguno de vds. no haya visto estos engendros.
El primer ejemplo es el Centro Niemeyer de Avilés. Se basa en un huevo cocido partido por la mitad, dejando una mitad pabajo y la otra de lao. Además, hay una torreta/sacacorchos. Original, es, pero yo le habría echado atún y bechamel por encima. Es una pena que entonces no estuvieran tan de moda los cachopos1, porque no me cabe duda de que el comestible elegido hubiera sido éste, y el edificio se parecería más a la T4 de Barajas, con un trencadís imitando el rebozado.
Desde el otro lao de la ría. No me atreví a acercarme más, si no hay actividades está mu solitario…
El problema, pienso deque, fue elegir a un arquitecto que estaba de vuelta de todo nivel dios (CIEN AÑOS2 tenía cuando presentó el proyecto) para que te construyera un edificio de éstos (que ya de por sí son propensos al engendrismo). A ver, el Sr. Niemeyer había construido los edificios singulares de Brasilia partiendo de cero, con su amigo Lucio Costa diseñando el trazado urbano. Es como si aquí llamas a Moneo y Calatrava y les mandas construir una nueva Ciudad Capital de España en la ladera soriana del Moncayo. Con su Congreso y su Senado, su Moncloa y su Zarzuela, su taberna Garibaldi y todo lo necesario. Después de esto ya te la suda cualquier encargo. Por tanto, no tengo pruebas, pero tampoco dudas, de que Niemeyer se sacó la chorra y, haciendo unos molinillos sobre el papel, dejó unas marcas de orina y esmegma que le parecieron bien; para acto seguido llamar al delineante y pedirle: “termíname esto, pon las puertas y los baños y todo eso”. La tapa del frasco del Dememory se le quedó encima de la mesa de dibujo, y el chaval lo pasó también al Autocaz con forma de torre.
El segundo edificio im-pezionante del lote es la Universidad Laboral de Gijón, una especie de Monasterio del Escorial de la formación profesional. Hubo más edificios dedicados a esta finalidad; pero el de Gijón fue una apuesta personal del falangista Girón de Velasco3 para aplacar la conflictividad social4 y atraer para su fachicausa a los hijos de los levantiscos obreros asturianos. Tenía que ser grande. Tenía que ser lo más. Y se lo dijo así al arquitecto, Luis Moya, al que le hicieron los ojos chiribitas.
Foto de la güé de la susodicha uni
El resultado fue el -en ese momento- edificio más grande de España y parte del extranjero5. Tenía capacidad para más de mil alumnos (todos varones, claro), y buena parte de ellos eran internos6. Tiene un auditorio en el que cabían todos, junto con los profesores, que eran jesuitas. La iglesia, de planta circular, también va acorde con esas dimensiones y se ubica en un lateral del patio principal del edificio (que tiene…150 metros de largo por 50 de ancho; una verdadera plaza mayor con soportales). En los terrenos de alrededor -mogollón de hectáreas- hay campos de deporte (al que se daba importancia), y también había varias granjas que debían permitir autoabastecer al centro; aunque no llegó a funcionar al nivel que estaba previsto. Las aulas prácticas para las clases de taller eran verdaderas fábricas. Pero lo que más llama la atención es su torre, de 130 metros, justificada porque tenía que ser “el faro que guíe a los trabajadores”. Eso, de rebote, permitió a los gijoneses adelantar al edificio más alto de Asturias hasta ese momento… la torre de la Catedral de Oviedo. Piques esiten.
Foto de la torre, cortesía de mi sra. Empieza como la de Hércules y termina como la Giralda
Lo curioso es que el edificio, siendo una oda a la megalomanía, está bien hecho y era funcional, teniendo en cuenta el fin para el que estaba destinado. Considerando que en aquellos años de autarquía no había dinero ni recursos (escaseaba el cemento, pero sobre todo el hierro), también fue un milagro de aprovechamiento económico. Se ahorraba en todo. Por ejemplo, las tareas de cocina, confección de ropa y lavandería se encargaron a una congregación de clarisas (80 monjas) que se trasladó a un convento construido para ellas en la “zona de servicios” del edificio; era un trabajo tan duro que a la sección de lavandería la llamaban “matamonjas”. Salían baratas, eso sí.
La Laboral (arriba) y El Escorial, a la misma escala.
Con el fin del franquismo llegó el declive, y el edificio fue perdiendo usuarios hasta el cierre, sólo el mantenimiento era carísimo. Poco a poco se han ido instalando cosas por allí. Ahora se llama “Laboral – Ciudad de la Cultura”. Y tiene de todo, hasta visitas guiadas. En la mía tuve la suerte de coincidir con un alumno de la primera promoción, que volvía por allí, y complementó las excelentes explicaciones de la guía con detalles autobiográficos interesantísimos.
No he caído en la insensatez de probar ni un solo cachopo. Me recuerdan a los sanjacobos con los que nos cebaban en el colegio mayor. Asturias tiene cosas mejores.
Murió poco antes de cumplir los 105 y seguía en activo; como quieren los libeggales que hagamos todos. Aunque él era comunista, por cierto (se tuvo que exiliar de Brasil).
In illo tempore, para decir que algo era viejo se decía “esto es de cuando Franco era cabo”, pero también “de cuando Girón era flecha” (los flechas eran los niños que entraban en la OJE, las juventudes hitlerianas de aquí). A ver… Como si dices “de cuando Dumbledore entró en Gryffindor”.
Para ingresar en estos centros formativos se daba preferencia a los chavales de familias con pocas rentas -siempre que fueran listos, la formación era muy exigente- que podían residir como internos a pensión completa en el centro, que también les proporcionaba ropa. Muchos fueron huérfanos de currantes de la minería, la pesca…
Bueno, en cuanto a edificios grandes, de Gijón a Avilés fuimos en tren, y cuando vas llegando empiezas a pasar al lado de una fábrica que no se termina nunca… Ya me iba sintiendo como en la primera escena de La Guerra de las Galaxias (la buena, la de 1977). Lo miré en la güé y era Arcelor-Mittal. Casi kilómetro y medio de largo tienen las naves.
Y era educación pública y gratuita para la mayoría. Muchos de los que ahora echan de menos el franquismo defienden tesis económicas opuestas a lo que fue ese periodo. Lo que en realidad añoran es mandar así; la sumisión de los trabajadores a las empresas, la de las mujeres a los maridos y la de todos a lo que ellos digan.
En Ávila, a pesar de las apariencias, somos modernos para según qué cosas; por eso tenemos todo un edificio (singular y abulense, claro) dedicado al juego de moda entre chiquillos y adultos disfuncionales: Minecraft. Se ubica en la Calle Vallespín, justo enfrente del Palacio de Polentinos (A.K.A. Demia). Los jugadores pueden desplazarse por él, superar pruebas legales e incluso contraer matrimonio entre ellos, como en el SIMS. Al ser un juego tipo sandbox, no hay un objetivo predefinido.
Vista del interior del edificio
Para los que no conozcáis Minecraft, es un juego que combina la construcción y la exploración prospectiva (lo del juez Peinado), aunque su característica «marca de la casa» es el uso de bloques cúbicos* de distintos materiales, que le dan a todo ese aspecto típico de «Exin Castillos» (Lego, para los mu jóvenes). El usuario puede elegir entre distintas estrategias de juego, respetando las reglas y modalidades de cada mundo (supervivencia, aventura, social, contencioso, penal…).
El edificio siempre tiene trajín y a veces hay periodistas a la puerta y todo; por algo Minecraft es el vidriojuego más vendido de la historia. Últimamente, se quejan de que los servidores están colapsados y se han solicitado éstas y otras mejoras.
(*) Todo es cúbico, no sólo las construcciones, también los seres vivos y las personas.
El edificio parece un helao de esos de tres sabores, vainilla, chocolate y nata. Faltan las galletas.
El Archivador Provincial es un edificio construido en varias oleadas y que ha tenido múltiples usos. Su estilo es ecléctico e inverosímil, como pueden ver en la foto que les arrejunto. Lo que se ve a la derecha y arriba de la foto es la espadaña del (convento del) Carmen, que también forma parte de la muralla. El susodicho convento fue uno de los edificios que precedió al Archivador.
El edificio -que es lo que comentamos en este blo- es raro, pero el contraste entre sus añadidos y empalmes tiene cierta originalidad no exenta de valor estético. Por poner algún «pero», las intervenciones en los espacios y en el mobiliario urbano que tiene alrededor (tanto en la Plaza de Concepción Arenal como en la Calle del Marqués de Santo Domingo) muestran un aspecto poco adecuado, desangelado, hostil, cuadriculado, artificial, desprovisto de estilo, descuidado… En resumen, eso que uno lo mira y dice «la de dinero que se han gastao aquí pa dejarlo peor».
Este Archivador conserva, mayormente, papelorios viejos producidos por la Administración (con mayúsculas). Es posible que haya gente que alguna vez vaya a buscar alguno, no digo que no; a veces los historiadores además de admirar pedruscos viejos (como comentamos en el post anterior) también se dedican a hurgar entre documentos que informan de antiguos pleitos, ordenanzas y datos registrales; y así pueden saber de quién eran esos pedruscos o quién los heredó de quién.
Por Javiermes – Trabajo propio, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=83456512
Las Tendrías de San Segundo (es su nombre correcto) son una serie de residuos arqueológicos correspondientes a las antiguas instalaciones donde se curtían las pieles y se realizaban otros trabajos que se ubicaron en los arrabales de nuestra ciudad, al lado del río; por la cosa de tener agua. El nombre procede de un malentendido entre un ejperto en Patrimonio y el entonces alcalde. Cuando aparecieron los restos, el munícipe preguntó «¿qué cohone son estas ruinas y que hago con ellas?», y el historiador le contestó: «Las tenerías, las tendrías que mantener», y el alcalde se lió un poco; y como entonces había perras, se hizo una tapia alrededor para la conservación y puesta en valor de este yacimiento.
Sabrán ustedes, por otras entradas de este bló, que cuando alguien reclama «poner en valor» algo, es porque ese algo no suele ser mu’interesante, y el siguiente paso es crear un Centro de Interpretación*. Si leen esta noticia que enlazo, y buscan por su cuenta otras similares, verán los sucesivos intentos de crear algo medianamente visitable en este lugar nunca han llegado a nada positivo. De hecho, la foto que traigo es de la Wiki, del autor que (re)cito, porque el sitio ese normalmente está cerrado. Recuerdo que a Hija y sus secuaces del cole les llevaron en una visita educativa, y lo único tengo que decir es que al menos ninguno se cayó a ningún bujero de esos.
Las relaciones con Patrimonio no siempre han sido fluidas, siempre está el eterno debate sobre qué valor real tienen las cosas viejas que van apareciendo en nuestro subsuelo. Últimamente las cosas no andan bien, y dicen que «el ayuntamiento desobedece«, pero es normal, los historiadores flipan con cada pedrusco que encuentran, excepto cuando Alguien Importante decide que no es necesario flipar tanto**. Otras veces, como cuando aparecieron cosas medievales al hacer unas escaleras mecánicas postmedievales, se decide volverlas a tapar «y aquí no ha pasado nada». Una opción más barata, desde luego.
Otro inconveniente del sitio es que, salvo en los casos como esta primavera de 2025 que nos ha regado con lluvias abundantes, el río Adaja no pasa de ser un arroyuelo maloliente, y no invita al paseo por sus riberas. Creo, sin embargo, que debería usarse esta circunstancia para que la visita sea más inmersiva, recordando a los visitantes que los olores del tintorero lugar en el que se encuentran serían mucho más nauseabundos cuando estaban en activo.
(*) Ávila cuenta con varios Centros de Interpretación de Cosas. Propongo al Ayuntamiento que cree un Centro de Interpretación de Nuestros Centros de Interpretación.
(**) Sobre estos cambios de criterio pueden leer la entrada sobre el Edificio del Mamoneo, de este mismo blog, en la que me consta que el criterio sobre el derribo de los edificios neomudéjares de la Plaza de Santa Teresa, al lado de San Pedro, no fue el mismo cuando lo preguntó un arquitecto del montón (AKA mi cuñao) que cuando lo preguntó el Sr. Moneo. Y vaya si se permitió derribarlos, en pro de la construcción del engendro que ahora tenemos ahí. Y tenemos más casos: el cementerio musulmán, la fábrica de harinas…
Desde tiempos inmemoriales, las gentes de Ávila se han referido al mercado cubierto de nuestra ciudad como «la plaza cerrá», en contrayuxtaposición a las otras plazas donde se celebra(ba)n «mercados abiertos» (al aire libre), como el Mercado Chico, el Mercado Grande, el Mercad(ill)o del Rastro, el Mercado de Ganados, y no olvidemos al más esparramao, el Mercado Medieval. En estos días su nombre cobra más sentido, pues se acaba de emprender la enésima reforma con vistas a yo qué sé qué, dado el éxito de las anteriores; y se encuentra cerrado al público. La plaza cerrá cerrá.
Uno de los problemas que tiene el centro histórico de Ávila es que ya no es el centro; esto es, la desparramación urbanística de la ciudad se ha hecho como la Ventana de Overton en la política: escorándose siempre hacia la derecha (al este, según se mira el mapa). El siguiente problema es que en el centro vive poca gente. Quicir, tampoco es que en el resto de la ciudad estemos hacinados; pero juntando a todos los habitantes de las 33 hectáreas de la zona amurallada, no llenamos ni medio campo de fútbol (el nuestro, el Adolfo, en el Bernabéu cabe Ávila entera y si nos apretamos un poco, también Soria). Con esas premisas se comprende que este mercado sea cada vez un lugar menos atractivo para hacer la compra diaria u semanal. A ver, en general, el comercio abulense anda de capa caída, pero esto del centro está por los suelos, y si se mantienen algunas tiendas es un poco por la fiel y envejecida clientela, unida al magro aporte de algún turista*.
Lo más triste es que el proyecto original de «la plaza de abastos», de finales del XIX nos dejó un edificio modernista precioso, que en nada se parece al actual. Dicho esto, la reforma que yo propongo es que el carril bici y la ZBE se integren DENTRO de la plaza cerrada, para no perder las subvenciones esas, y dejen de incordiar por el exterior.
La cosa va pa largo, en los contenedores hay hueco.
(*) Esposa ha currado casi siempre en tiendas de ropa, y uno de sus taryet de mercado son l@s madrileñ@s que visitan Ávil@ medio en pelotas y se ven sorprendid@s por una bajada imprevista de temperatur@s**.
(**) Un día normal de los de aquí, vamos. Mira que venir a Ávila en agosto sin una rebequita.
La arquitectura abulense continúa depravándonos sorpresas. La última ha sido la erección de una pirámide en plena ZBE, en el centro turístico y terracístico. Operarios municipales estaban construyéndola a toda marcha, para ver si la terminamos antes que el circuito de F1 de Madrid. Ya sólo le faltan algunos retoques y la colocación del piramidión en su cúspide. Si tiene éxito entre los turistas es posible que, a imagen de las de Giza, se complete con otras dos y con una esfinge con la efigie del faraón Chusmenofis III.
Como pueden ver, la pirámide es una réplica exacta, a escala 1:100 (maomeno), de las de la IV dinastía. Nuestro compañero y exbloguero Camarada ya está ensayando (y adelgazando) para representar el papel de Astérix en la inauguración teatralizada «Asterix en Egipto» que tendrá lugar proximamente, con el propio Alcade como Obélix, also starring García Almeida (Cleopatra) y Budiño (Numerobis).
Bai de güey, la moda de mover toneladas de terreno para dejar las calzadas (que siguen abiertas al tráfico) al nivel de las aceras, la veo como una construcción más faraónica que las pirámides, y con menos sentido. Quicir, en una calle peatonal puede estar bien, pero en calles que siguen y seguirán abiertas al tráfico (salvo en eventos y fines de semana), mucho trabajo es, y hasta crea situaciones de peligro; como alguna que he visto en la calle San Segundo, cuando turistas y abulenses despistados no tienen claro el límite de la acera, se ponen a andar por la calzada y no se percatan de que llega algún coche silencioso, patinete o ciclista.
Después de un Edificio Singular tan galáctico como el CRA, volvemos a la tierra. El SanFran es un lugar donde a veces los jóvenes hacen botellón (sobre todo en verano), y en medio hay un auditorio. La tradición dice que el edificio original fue fundado por el propio Francisco de Asís, a su paso por España, pero sólo lo dice la tradición; los historiadores dicen que es algo posterior; menudos hijos de fruta. El convento fue a más con el paso de los años, y luego a menos (en esa fase estamos). Tras sufrir incendios, saqueos napoleónicos y desamortizaciones mendizabalescas, quedó en la ruina. Después de su declaración como (boli) BIC en 1931, se han ido realizando intervenciones; primero, para que no se terminase de desmoronar*, y luego, para darle algún uso.
El interior de la nave principal conserva la pinta de una iglesia medio gótica, pero está desacralizada. Para su uso actual como auditorio, la intervención consistió en dejarla como estaba; esto es, el público se queda en los asientos de la nave, y quien sea que actúe, interprete, hable o explique se pone en la parte del altar. Dicho esto, si te pones de la mitad hacia atrás, ni ves ni oyes bien; aunque se empleen micros y megafonía. Se ve que los franciscanos**, cuando fueron exclaustrados en 1835, se llevaron también la acústica del templo. Otro inconveniente, sobre todo en invierno, es la temperatura: en el auditorio hace un frío de pelotas, y eso que le han puesto calefacción. La única explicación que dan los cientéficos es que el interior de la iglesia permanece mágicamente anclado en el funesto invierno de 1835; año que pertenece al final del periodo conocido como «pequeña edad de hielo«.
Aparte, en la cabecera se conserva una torre octogonal, alta y preciosa, que ha sido habilitada como auditorio más pequeñito. Se oye mejor, claro; pero al ser la parte más alta de la iglesia, todavía hace más frío.El edificio se completa con parte de lo que fue el claustro del monasterio, aunque está prácticamente reconstruido desde cero, o incluso desde bajo cero. Ahí hay oficinas y un centro de interpretación del botellonismo.
(*) ¿San Andrés? Aquí nadie ha mencionado San Andrés.
(**) No se fueron muy lejos; sino a la iglesia de los Padres Franciscanos. Pero el templo no se llama San Francisco, sino San Antonio de Padua***.
(***) Que no era de Padua, sino de Lisboa. Todo confundido. Por cierto, la torre de esta iglesia de San Antonio salió ardiendo en un incendio ocasionado por un rayo, en 1990. Para mí, que ya van siendo muchas señales de que Ávila no es lugar para franciscanos****.
Ávila dispone de un edificio específicamente construido para contactar con seres de otras galaxias: el Centro de Recepción de Alienígenas. Se ubica en la Avda. de Madrid, cerca de la Basílica de San Vicente. ¿Cómo os quedáis?
Que Ávila es una provincia galáctic-friendly es cosa sabida, y más desde que nuestro paisano Willy* escudriña el espacio sideral con sus antenas. Hay personas que afirman haber visto OVNIs, y algunos hasta presumen de haber estado en presencia de extraterrestres; también hay proyectos cientéficos (como el SETI) que analizan las señales que recibimos del espacio exterior, para ver si detectan transmisiones de civilizaciones de otros mundos; pero de momento no se ha podido comprobar nada.
Y aquí es cuando, acarrao bajo un sauce de Flor de Rosa, Willy tuvo una idea genial: si los extraterrestres se desplazan entre las estrellas, tendrán viajes para aliens jubilados. Fijo. ¿Qué mejor manera de atraerlos a este “pálido punto azul”, como dijo Carl Sagan, que poniendo un Centro de Recepción de Alienígenas? Dicho y hecho, y con la colaboración del Bar San Vicente (deseosos de promocionar sus revolconas con torreznillos más allá del Hombro de Orión o de la Puerta de Tannhaüser) se construyó este edificio, dotado con escaleras mecánicas para facilitar la accesibilidad.
Nos consta que con la antena de espacio profundo de la ESA esa, ubicada en Cebreros, se están enviando mensajes publicitarios hacia los confines del universo, con el fin de darnos a conocer a marcianos, venusianos y demás seres de otros mundos. Es cuestión de tiempo que se presenten.
(*) Además de conducir el cuete Euclid**, estuvo a punto de que renombraran a su grupo como “Técnicos de Investigación Aeroterráquea”, y ya se estaba dejado mostacho de morsa para su ascenso a Superintendente.
(**) Se nota su gestión, mientras que los Estarlín de Elonmus sólo tardan 90 minutos en orbitar la Tierra, el Euclid echa ¡un año entero! para cada goltereta, y a veces se coge días de asuntos propios.