Ávila es un paraíso natural para muchas especias migratorias: cigüeñas, vencejos (estos pobres, cada vez menos) y otros animalillos nos visitan regularmente, atraídos por la buena gestión de Ayuntamiento y Diputación. Si los apodiformes son habituales en verano, como dice la poesía, una de las familias de especies cuya presencia es habitual en invierno es el guante, que suele dejarse ver por nuestra ciudad, normalmente en solitario (aunque a veces en algunos parques puedes ver grupos de tres o cuatro), dispersos sobre los bancos y otros elementos de mobiliario urbano, donde suelen nidificar.
El guante es un depredador oportunista, que al principio del día suele verse por el suelo, pero rápidamente se sube a algún lugar desde donde tenga mejor campo de visión. Es individualista, normalmente no lo verás con una pareja idéntica. Como hemos dicho, prefiere el tiempo frío, aunque en veranos ocasionalmente puedes ver también la variedad «patuco», capaz de saltar con desparpajo para eludir la presencia humana.
Normalmente son de las variedades lanares, sobre todo la infantil, aunque con la pandemia proliferaron también los guantes de latex; y ahora con tanta obra están empezando a dejarse ver, alrededor de las zanjas y otros ecosistemas, guantes de trabajo amarillos y otras subespecies de piel dura. Alrededor de los supermercados prolifera una especie invasora y dañina, guantillus fruterus, que acostumbran a formar manadas dentro de los carritos de la compra.
Justo al lado de la escultura anterior, opus 101 de nuestro catálogo, podemos encontrar esta otra… cosa. «Cimorro-ñoso» representa el muy noble y leal Escudo de Ávila (el rey niño* asomao a lo alto del cimorro** de la catedral) y está realizado ¡en fierro morroñoso! Si se quería buscar un contraste con la marmórea Victoria de Samotracia que tiene al lado, no se podía haber hecho mejor; ya saben que en los restaurantes son dados a eso de confrontar mar/montaña, dulce/salado, umami-umami/papichulo, etc. Se ubica, obviously, a la puerta del complejo hotelero de Los Cuatro Palos.
La figura, realizada con una técnica de calado o celosía o abujereación, es reconocible para los abulenses pero imagino que no tanto para los turistas y opositores que suelen alojarse en este establecimiento. Se ha colocado sobre una peana pizarrosa, como complemento a un pequeño jardín en el que se ha situado con la suficiente protección para que nadie se esnafre contra ella al salir por la noche algo perjudicao de un bodorrio, pues al ser de color de los gatos pardos queda bastante invisibilizada.
Como propuesta para complementar el curioso conjunto que forman la victoria de samotracia y el escudo morroñoso, proponemos a la dirección del hotel que coloquen una reproducción del toro de wall street con un crotal de la denominación de origen Avileña-negra ibérica.
(*) El rey niño que aparece en nuestro escudo es el príncipe Alfonso (de mayor, rey de León, el 7º de su nombre), que la nobleza decidió matricular en un internado de Ávila para alejarlo de su padrastro, Alfonso I de Aragorn; la imagen representa el día que fue a visitarlo a lo que sería el primer Punto de Encuentro Familiar documentado en nuestra ciudad, pues la relación con su esposa (y madre de Alfonsito, la reina Urraca) no pasaba por los mejores momentos***.
(**) Un cimorro o cimborrio es una torre gorda colocada sobre el crucero o el cabecero de una iglesia. El nuestro es a la vez cimorro, ábside y muralla; estamos a ver si ponen unas escaleras mecánicas pa subir, y que pase el carril bici y la red de calor, y ya estaría.
(***) Es una bonita y olvidada parte de nuestra historia: Doña Urraca fue la primera reina europea de pleno derecho, que tuvo que luchar…(amo a ello): contra su (segundo) marido Alfonso, contra Portugal (Ávila llegó a ser portuguesa durante algunos años), contra la nobleza de su reino (que no quería una mujer al mando), contra los almorávides, contra Al Mutasim (rey de Zaragoza, a su vez enemigo de los almorávides y de su marido), contra el obispo Gelmírez de Compostela, que se quería obispoindepecompostelizar, y contra algunas ciudades del reino -como Segovia- que se levantaron contra todos, hartas de tanto mangoneo. Finalmente, hasta su propio hijo, una vez nombrado rey, propagó infundios contra ella, en un proceso de damnatio memoriae que continúa hasta hoy, vean si no lo poco que sabemos de ella -esa vida tan interesante no tiene ni serie en Nesflis****- en comparación con la imagen que tenemos de la usurpadora Isabel***** Monta Tanto de Castilla.
(****) Además, la reina fue acusada de golfa y pecadora y depravada sexual, porque se acostaba con un conde mu resultón; a diferencia de los reyes, que siempre fueron fieles a sus esposas.
(*****) Es triste que en España hoy tengamos Isabeles hasta en la sopa, y que ya nadie ponga el bello nombre de Urraca a sus hijas. En este bló siempre seremos urraquistas (y juanalabeltranejistas).
Los salarios en este país son una reverenda mierda. ¡Vaya descubrimiento, Baku! Ya, ya, pero dejad que suelte mi rollo.
Llevo unos días viendo los típicos artículos de prensa propaganda sobre honrados lloricas hosteleros que pagan según convenio y, a pesar de tamaña generosidad, no encuentran trabajadores esclavos. Es curioso que los lüberalles entienden muy bien el mercado hasta que la mercancía con la que tienen que tratar es la fuerza de trabajo. Entonces sus curvas de oferta y demanda se desmoronan y se pierden los pobrecitos.
Porque si el salario de convenio es el mínimo que debes pagar y no encuentras trabajadores por ese precio… ¿Se te ha ocurrido la loca idea de pagar más? Quizás así consigas «retener el talento», puto genio.
Y ya no es que hablemos de salarios de trabajos —mal llamados— no cualificados. Es que ves ofertas de empleo de «cosas cualificadísimas» y ya es para echarte a llorar. Esta misma semana he visto un anuncio buscando un diseñador de UX/UI que era un poema. Buscaban a alguien con un máster en UX, con merecientos años de experiencia en diseño de interfaces, con nivel C1 de idiomas y soltura en manejo de no sé cuántas herramientas. Y la banda salarial ofrecida arrancaba en el salario que gano yo de conserje. Pero, vamos a ver, ¿quieres que invierta tiempo, dinero y esfuerzo en convertirme en un cheñor listísimo y luego pagarme un puñado de cacahuetes? Luego no te sorprendas de que no quiera trabajar para ti.
Servidor se largó del sector tecnológico hace once años. De vez en cuando echa un vistazo a ofertas de lo suyo y se descojona. Que estáis ofreciendo menos pasta de la que ganaba yo entonces. Y lo que sé hacer es cada día más escaso. Allá vosotros, yo no pienso volver. Estoy muy calentito en mi conserjería.
En fin, esto es lo que necesitaba decir. Buenos días.
El arte clásico también tiene cabida en nuestra postmedieval ciudad. Traemos hoy al Á.S.M. una bella muestra, la escultura denominada «Mi gran boda griega». Representa a la diosa griega Niké (patrona de las zapatillas de deportes) y está elaborada a imagen y semejanza de la que trasladaron (guiño, guiño) al Louvre desde la isla de Samotracia, posiblemente esculpida por el gran Pitocrito (pongo link pa que veáis que no me invento ni siquiera lo del gran Pitocrito). La escultura se ubica a la entrada de un famoso hotel y restaurante abulense, según se sale pa Salamanca, y aporta ese toque kitsch tan necesario para los negocios de la BBC*.
Tradicionalmente, los salones de bodas han elegido la mitología griega como fuente de inspiración. Es entendible; en las bodas más famosas del cristianismo sucedió algo lamentable: como los novios tenían poco presupuesto, un invitado transformó agua en vino. Así, por la patilla. Si los creyentes fueran haciendo eso, la hostelería sería insostenible. Bueno, o cobrarían el agua mucho más cara, prohibirían la entrada a los hippies y pondrían terrazas ocupando toa la calle, como los Bee Gees en sus videoclíses.
Los dioses griegos eran mucho más dados a la orgía y a consumir con desenfreno como si no hubiera un mañana. Por eso en los salones de bodas** abunda la decoración grecorromana: columnas con capiteles, estatuas de dioses en pelotas (preferentemente de Venus y Cupido), triglifos, metopas, y toda esa parafernalia. Y esta decoración, que a veces nos puede parecer exagerada u hortera, tiene que ver con la representación (ya se sabe, el teatro griego…) que va a tener lugar en la skena**** que enmarca.
En primer lugar, aparece el hybris (la desmesura del héroe que cree que todo lo puede): organizas la boda invitando a 300 espartanos (u más). Después llega el pathós (el sufrimiento), cuando ves que te han cobrado el doble (si los capiteles son jónicos) o el triple (si son corintios) de su precio. Y acaba con la anagnorisis (cuando el héroe reconoce su error), te das cuenta de que si no hubieras dicho la palabra «boda» (γάμος*****) cada hoplita se habría jartao de lo que hubiera querido, pagando mucho menos y sin que sobre tanta comida.
Que igual es eso, los dioses griegos nos castigan por despilfarrar alimentos en los bodorrios (excepto a mi cuñao, que se termina lo suyo y lo de su sra.); y ya sabemos cómo se las gastan. Es el destino; ανανκη, que decía Eurípides (que sabía leer esas letrujas): una fuerza superior a dioses y a hombres. Y caemos y volvemos a caer como la piedra de Sísifo. Así lo escribió Virgilio, en boca de Lacoonte: «Temed a los griegos cuando ponen barra libre». Qué sablazo no le meterían…
(*) Bodas, bautizos y comuniones, según la Guía del Autoestopista Galáctico; manual donde también se informa de que la respuesta definitiva es 42.
(**) Las Vegas (Nevada) no es más que un montón de salones de boda a cual más hortera, con casinos… y furcias***.
Retomamos puntualmente la serie de deportes desaconsejados con uno nuevo que nos ha aparecido al quitar la alfombra y mirar debajo: el topurio. Porque no sé cómo se llama lo que hace el señor ese, sé que es uno de los de pegarse (que ya hemos desaconsejado en este bló), pero con nombre raro. Lo organiza una empresa autoproclamada como organizadora, y no sería de extrañar que lo hicieran olímpico en un proceso de beatificación exprés. Y conste que si no saliere será por algún contencioso económico.
El topurio es un deporte que, desde esta bitácora, desaconsejamos. No sólo tiene que ver con que, dentro de los de pegarse, este engendro es de los que prescinde de la filosofía de las artes marciales orientales (disciplina, respeto, defensa…); es que se centra en la parte macarra de fostiarse: en las presentaciones de los combates no es raro que ya hagan ese paripé de amenazarse como dos borrachos en un bar, en plan «eso no me lo dices en la calle».
Lo del topurio ya me comenzó a hacer sospechar cuando un sobrino nos mandó una foto en la que salía él con alguien que yo no conocía, me imaginé que sería algún nuevo fichaje fumbolero, pero no. Era uno que vino en un barco de nombre extranjero y que al parecer ya era algo famosete, al menos entre la mocedad consumidora de ciertas redes sociales, cuyo nombre no pronunciaré aquí. Por ello no es de extrañar que nuestros mandamases, desde IDA a Perrochánche hayan corrido a fotografiarse* con él a las primeras de cambio, que eso da clicks.
La gracia de esto es que podría pasar por una manera de renovar el boxeo, que lleva decayendo desde aquellos tiempos jloriosos que siempre cita José Luis Garci cuando presenta una película… Cambiamos las reglas (para que sea aun más bestia), ponemos un poco de la estética de los nuevos gladiadores** que entrenan para triunfar en los circos que nos montamos ahora; y que además llevan aparejada una buena dosis de «ideología de los ganadores», esa de los self made men-criptobros-vendehumos que encandilan con su coaching y sus demostraciones de riqueza neolibeggal.
Cuando tenemos a famosos deportistas diciendo que «las chicas» no deben cobrar lo mismo que ellos porque el deporte femenino lo ve menos gente, deberíamos preguntarnos qué es lo que hace que un deporte completamente desconocido hasta hace cuarto de hora, de repente ocupe portadas y salga por la tele a todas horas, a diferencia de otros campeones del mundo de cosas de pegarse que tenemos hasta en Salamanca y no conoce ni el tato.
Por todo esto y más, aquí queda nuestra desaconsejación.
(*) Y a proclamarlo muy español y mucho español, creo que el mismísmio Sánchez le ha dibujao el DNI a mano en la Moncloa. Por cierto, los jóvenes no os acordaréis de un tal Juanito Mühlegg…
(**) Ahora se llaman máquina, monstruo, titán, fiera, crack, etc.