La Isa

Antes de ser una serie de televisión, Isabel fue una reina de Castilla (y más sitios), que demostró su noble carácter desde el mismo comienzo de su reinado: usurpando el trono. Aunque en ejste bló somos (y siempre seremos) leales a la legítima reina, Dª Juana Trastámara Avis, hemos de describir (con gran pesar de nuestro corazón) el busto* de Isabel, que ocupa uno de los lugares más postmedievales de la ciudad: al lado del Torreón del Homenaje (el más alto de la muralla), en el comienzo del Paseo del Rastro desde la Plaza de Santa Teresa.
Lo que sí que hemos de reconocer es que todo lo relativo a la erección de esta obra fue un acierto. En primer lugar, la expresividad de la escultura; el autor ha sabido captar ese carácter imponente que la reina siempre supo mostrar en el ejercicio de su mandato; esa mirada que sin duda dedicó a Enrique IV, a Boabdil y a tantos otros amigos y enemigos. Vamos, que destila malaleche. Que si le pilla al escultor, no le habría dicho eso de «troppo vero»; le habría mandado a su confesor Tomás a que le relajase.

Siguiendo con lo de la erección, véase el simbolismo de su ubicación con fondo vegetal; me faltan las palabras para sintetizar cómo se expresa, diciendo pero sin decir, que Isabel tuvo que desempeñar un oficio en el que se prefiere, en el mismo grado, el varón a la mujer, por el artículo 57. Y qué decir del pedestal, qué hay más abulense que el granito, que aporta altura y firmeza. Recordemos que Isabel nació en Madrigal of the Hightowers, localidad muy abulense y mucho abulense.

And last but not least, la estatua está en el sancta sanctorum del Ávila Street Museum, el lugar con mayor densidad de arte local; un enclave donde Isabel tiene cerca a otras estatuas de insignes abulenses, como Santa Teresa o Santa Teresa (es que hay dos estatuas de Santa Teresa en la Plaza de Santa Teresa).
* La extraña polisemia de la palabra busto en castellano probablemente conduzca a que algunos, los más aficionados a la serie televisiva, estéis pensando en algo como esto. Pues no…

Michelle

Leemos con regocijo que los coches sin etiqueta medioambiental ya no pueden circular por el interior de la M-30. Pero resulta curioso el muy distinto tratamiento que han dado los medios a la noticia ahora y cómo lo hacían hace once años. Vean el titular que recogimos entonces y que recuperamos en Halón Clásico. Qué chorprecha, ¿verdad?

¡Qué chorprecha!
Me voy a hartar de poner esta captura

Banda sonora recomendada

Vivaspaña

Comienza aquí a petición del público, un spin-off de la serie Ávila Street Museum, denominada, como se indica ut supra, Ávila Road Museum.

Porque desde que Raimundo de Borgoña fue convocado a repoblar nuestro escabroso y yermo territorio, en época pre-postmedieval, y trajo desde sus tierras sus gabachas costumbres, mandó a sus subalternos cumplir lo siguiente: «E fáganse rotondas en todos los crusces do sitio oviera, para evitar que se esnafren caballeros, garçones e mercaderes«. Y aquí viene lo importante: «e se ponga en cada rotonda una ymagen de piedra labrada o quanto menos un árbol, porque los ruanos de la cibdad, que se conduzen como un pizzaiolo con vespino, van cantando: si la rotonda no tiene una fuente, la paso de frente; si la rotonda no tiene un arbusto, la salto con gusto«.

Por eso, las hovras de las rotondas tienen una cuádruple misión: la primera (que comparten con las figuras del Ávila Street Museum) es dar gusto a las musas, a la belleza y al harte en jeneral. La segunda, como ya pedía Don Raimundo, es servir de obstáculo para evitar que los conductores «hagan un recto». En paralelo, la tercera función es aportar visibilidad: algunas rotondas de la Avda Madrid, los primeros sábados por la noche después de haber sido montadas (sólo con un bordillo y césped o gravilla), sufrieron embistes de conductores que -confundidos por la noche- ignoraban la nueva disposición vial. Y, last but not least, servir de alimento al ego de nuestros próceres y munícipes, ansiosos por dejar su impronta para la posteridad, como Ramsés II en Abu Simbel. Ay, si los egipcios hubieran conocido la rotonda…

Las rotondas, además, llaman a la innovación artística: son como un petit-Pompidou, un little-MOMA, un txiki-Guggenheim. En ellas nos podemos encontrar las obras más vanguardistas, horteras y perrofláuticas. También sirven para ubicar cacharros viejos y excedentes de obra que, rodeados por parterres de petunias o pensamientos (flores rotonderas por excelencia), adquieren un nuevo significado. No sé cuál. Alguno.

Por tanto, queda inaugurada esta sección con la rotonda más emblemática de nuestra ciudad, donde confluyen las carreteras Madrid-Salamanca, Soria-Plasencia y Toledo-Valladolid, amén de otras callejuelas y vías de servicio. Esta rotonda tiene una enorme fuente, que a veces hasta echa chorrazo, y en ella fue instalada nuestra insignia nacional, que los días de viento ondea orgullosa recordando que Ávila es una ciudad como Dios manda. Y además es un jran anemómetro.

Ruben

Hoy, primero de mayo, aprovechamos para incluir otra edición especial del Ávila Street Museum. Se trata de la escultura «Ganarás el pan con el sudor de tu frente», ubicada en el Jardín del Rastro, al lado de la puerta del mismo nombre, en el lienzo sur de las murallas.

El busto muestra la figura de un trabajador postmedieval, probablemente, de los hornos, donde es de suponer que haría bastante calor. Gotas de sudor perlan su frente y púberes canéforas le ofrenden el acanto. Sin duda, con esa gota, el autor quiso representar la dureza del trabajo y reivindicar una mejora de las condiciones laborales. Es de un extraño color azul, el color del ensueño, el color del arte, un color helénico y homérico, lo cual también relaciona esta pieza con los Simpson.

El trabajador contempla desde su privilegiada posición el Valle Amblés y las nieves de la Sierra de la Paramera. No se puede ver en la foto, porque claro, el señor mira pacá y las vistas están pal otro lao. O salía la cara o salían las vistas pero con el cogote. No sé si me explico.